LÍNEA DE FONDO

Willy / Doña / Wdona@diariodecadiz.com

El mejor técnico del universo

Julián ha dado muestras de osadía; ahora sólo falta que sepa mezclar las dosis correctas de actitud y talento

HA llegado Julián Rubio y la afición cadista se halla muy dividida al opinar sobre la idoneidad de su aterrizaje en el banquillo del Cádiz. Al menos lo están, casi al fifty-fifty, quienes han intervenido por ahora en la encuesta que, sobre el asunto, propuso la edición digital de Diario de Cádiz.

Yo me voy a posicionar sin vacilación, aun sin conocer en profundidad la manera de trabajar del técnico albaceteño. Me vale con que haya demostrado que tiene dos pelotas como las de Nivea que lanzaban desde las avionetas que sobrevolaban la playa. Hacerse cargo de esta plantilla, con sólo tres jornadas por delante, es la definición que aparece en el diccionario de la RAE para la palabra osadía.

Sólo falta que, además de ser el José Tomás del fútbol, dé en la tecla correcta a la hora de hacer las alineaciones. Mezclar en la medida apropiada las dosis de actitud y talento es su labor. Complicada tarea, porque hay alguno que se ha tumbado a la bartola con indignante descaro y tampoco falta quien posee menos calidad que vergüenza Rodolfo Chikilicuatre, que ya es decir. Eso sí, material útil existe y sólo resta comprobar si Julián Rubio lo selecciona con acierto.

Tras un doble periodo marcado por la inexperiencia -Antonio Muñoz es un hombre y supongo que por eso tropezó dos veces en la misma piedra-, ahora se experimenta un cambio radical. De los jóvenes Calderón y Procopio -el primero se marchó como hacen los profesionales mientras el segundo no ha querido dar la cara ante los periodistas y la afición- se pasa a un Julián Rubio al que algún listillo quizá tachará despectivamente de viejo como ya se llegó a hacer con el mismísimo Víctor Espárrago. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Para mí, Julián Rubio es ahora mismo el mejor entrenador del universo. Ojalá atine de tal modo que parezca, por genial, Helenio Herrera reencarnado. El porvenir de este entrenador es el porvenir del Cádiz.

Cadista que estás en el cielo, ora pro nobis.

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