La marginación de la almendra rellena

Si hay algo en lo que no me gustaría reencarnarme sería en almendra rellena de turrón. Siempre se lo pido a San Jacobo en mis plegarias antes de acostarme. ¿Alguna vez ha visto usted a alguien comerse una almendra rellena de turrón?

Cuando en Navidad la gente te trae la bandeja de polvorones, que siempre suelen ser recipientes que tienen una jartá de quinquenios, de los que te regalaba en la boda una prima que te odiaba, en el medio, en un sitio bien visible aparecen siempre unas obleas, así como de barquillo, rellenas de turrón del blando.

Nunca sabré porque la gente las compra, porque jamás he visto a nadie comerse una. Alguna vez me ha picado la curiosidad, en la comida de Navidad que hace mi cuñao Ismael, de coger una, pero después me he echao patrás porque para mí que son las mismas desde hace cinco años. Una vez se lo confesé a la Paqui cuando volvíamos del convite al anochecer y repitiendo el pavo guisao, porque la mujer de Ismael siempre se pasa con el ajo. "Paqui, una de las almendras tiene una lasca en la parte almendrada… y hace ya tres años que veo la misma lasca…pa mí que el Ismael guarda las almendras de un año para otro". La Paqui contestó afirmativamente con un pequeño erutito, fruto del ajo del pavo.

Es más, como no vienen envueltas, nadie sabe dónde se fabrican. A veces me he temido que vienen de Taiwan y que las regalan comprando unos auriculares de esos para escuchar música mientras corres. Todo parece que está hecho contra ellas. Hasta en las cestas de Navidad chungas era lo que nunca faltaba. Venía una lata de melocotones en almíbar, turrón de nata y guindas… que tenía menos adeptos que la canción de Albania en Eurovisión, y una cajita de almendras rellenas de turrón.

Cuando se practicaba eso del aguinaldo siempre había la posibilidad de dársela a cualquiera, pero ahora ni eso. Una vez incluso, que me regalaron un paquete en la rifa del Bar Pikiki (te regalan un número por cada 4 cuatro tapas de butifarra que consumas en días alternos), hice un juego en el almuerzo y dije que había escondido una conviá de langostinos de Casa Bigote en el interior de una almendra. Pero ni por esa. Tan sólo el primo Albert, que ahora me ha salío independentista, cayó en la trampa y se comió diez con la ilusión de acudir invitado a chupá cabezas de langostinos.

Este año cuando el próximo lunes se sienten en la mesa de Navidad; cuando se hayan puesto hasta arriba de cigalas y hayan untado 10 teleras de Alcalá con paté de cabracho, hagan una obra benéfica a los postres, cómanse una almendra rellena de turrón. Que estoy viendo que se van a extinguir como el hielo del polo Norte.

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