La esquina

Entre lo malo y lo peor

Alos liberal-demócratas se les dio precipitadamente por vencedores en las elecciones británicas sólo porque su líder apareció como savia nueva y refrescante en un panorama político anquilosado y salió triunfante del primer debate televisivo a tres que se producía en las islas. Cosas de la democracia mediática.

Los analistas políticos suelen conceder una importancia excesiva a las formas en que la lucha por el poder se manifiesta en la arena pública (noticias, entrevistas, encuestas) y una influencia menguada a las causas profundas que mueven a la gente a votar en determinado sentido, que son muchas y variadas. Las razones, sentimientos e impulsos que llevan a alguien a escoger una papeleta -a solas en la cabina electoral- y no otra sólo las conoce él, e incluso muchos no serían capaces de explicarlas.

Por eso fallan tanto las previsiones de desenlaces electorales y, en cambio, aciertan los análisis a posteriori. Desde hace casi un año los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que es nuestro sondeo más fiable (2.479 entrevistas en persona), vienen pronosticando que si hubiera elecciones generales el PP vencería al PSOE. También reflejaban que la causa fundamental del deterioro del Gobierno socialista era la crisis económica. Como las cosas han empeorado en este terreno, cabría esperar que la nueva encuesta del CIS ampliara la brecha entre PP y PSOE a favor del primero. Ha ocurrido lo contrario: la ventaja del PP sobre el PSOE se ha reducido 2,3 puntos porcentuales desde enero a abril. Ahora le ganaría por 1,5 puntos (39,5% frente a 38%).

La reacción del Partido Popular es de manual. De manual de política mediática: el CIS ha cocinado el barómetro al haber realizado el trabajo de campo entre el 6 y el 14 de abril, cuando se levantó el secreto del caso Gürtely el senador Bárcenas tuvo que dimitir como tesorero del partido. Nunca dijeron que el CIS cocinaba los barómetros anteriores entrevistando a los españoles cuando las noticias sobre el PSOE eran o malas o peores. El problema, para el PP, no es que los ciudadanos valoren mal a Zapatero (3,71 sobre 10), sino que valoran peor a Rajoy (3,09); lo que debería hacer pensar a los populares es el hecho de que el 52% considere mala o muy mala la gestión del Gobierno y el 59,6% la del principal partido de la oposición. A ver cómo se cocina eso y, sobre todo, a ver cómo se digiere.

Hay algo seguro: las elecciones no se ganan en las encuestas ni esperando a que el adversario se hunda por sí solo a causa de las dificultades externas y de sus propios errores. Hace falta que, dentro de su escepticismo general, los ciudadanos entiendan que la alternativa es mejor que lo que hay. O menos mala.

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