El informe PISA y la desvergüenza

LAS reacciones provocadas por la publicación del informe PISA son una muestra perfecta de las causas que han arrastrado al conjunto del sistema español de educación, y muy especialmente al andaluz, a la lamentable situación actual. Son de notar, por un lado, las jeremiadas de aquellos a quienes cabe atribuir en buena parte la deriva hacia la burricie y la insolvencia de la juventud española, especialmente esos medios de comunicación que todos tenemos en mente, que a lo largo de décadas han impulsado los procedimientos de la Logse y su ideología de fondo, con el cortejo de sindicatos y de asociaciones de profesores y de padres paleoprogresistas. Es decir, todo el entramado de intereses ideológicos y partidistas que controla el mundo de la enseñanza desde hace más de treinta años y que está haciendo posible la liquidación a plazo fijo del último residuo del franquismo: la de esa clase media, arrancada con tantos sacrificios colectivos del puro proletariado, que depositó en la educación de sus hijos todas las esperanzas de un futuro digno y próspero.

Por otro lado, asombra la reacción simplemente desvergonzada de las autoridades educativas, incapaces de asumir con un mínimo de decencia las consecuencias de su tremendo fracaso. Renglón aparte merecen las declaraciones de la consejera de Educación de esta Andalucía nuestra, que ha obtenido los peores resultados en el conjunto de España, siendo ya la media española profundamente insatisfactoria. Para Cándida Martínez, la distancia con el resto del país se debe "al atraso histórico que tiene la comunidad" y sería necesario el paso de "algunas generaciones" para que nuestros males alcancen remedio. Que esto pueda decirlo una representante del partido socialista que nos gobierna desde hace casi treinta años es un insulto mucho más grave para los andaluces que llamar cretino a Blas Infante, como hiciera Vidal-Quadras para escándalo de mitómanos y sopistas. Pero es que, además, la señora Martínez oculta el hecho de que Andalucía pierde puntos y posiciones respecto al anterior informe, correspondiente al año 2003, con lo que el atraso actual no puede responder a causas históricas, sino en todo caso a la profundización de esas causas a manos de quienes parecen empeñados en convertirnos en una extensión del Marruecos que tanto admiran. Y no digo esto a humo de pajas: doña Cándida justifica el desastre y hasta parece contenta, pues "estamos por encima del promedio total internacional" y a tono con países como Portugal y Grecia, aunque ya peligrosamente próximos a Turquía o México.

Aquí no se equivoca ni fracasa nadie. El descaro de los políticos está proporcionando a este país la única escuela de indudable éxito: la de la desvergüenza. Lástima que el informe PISA no evalúe esa habilidad. Arrasaríamos.

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