La guerra del queso

Lo que está en juego es que el queso payoyo sea independiente; esto es, una desconexión de la Sierra

Esta provincia es así: nos peleamos por cualquier cosa. Por eso, nada tiene de extraño que haya estallado la guerra del queso, mayormente entre los productores de Grazalema y El Bosque contra los de Villaluenga del Rosario, que es el pueblo de al lado. Así que algunas empresas no participan, como protesta, en la Feria del Queso de Villaluenga, que se celebra este fin de semana, coincidiendo con los pregones de Semana Santa. Menos mal que no van a atacar las instalaciones payoyas. Van a dejar a las cabras y a las ovejas en paz. Aunque esto produce dolor, como ha recordado el alcalde de Villaluenga, Alfonso Moscoso, que es uno de los veteranos de esta provincia, un clásico del PSOE.

Hay que decir que los quesos de la Sierra gaditana están de moda y se han convertido en uno de los alicientes para el turismo rural. Cada año van a más y mejor. Un ejemplo es la propia Feria del Queso, en la que esperan superar las 20.000 visitas del año pasado, en Villaluenga, un pueblo de apenas 500 habitantes. En la muestra de 2016 vendieron unos 400.000 kilos de quesos

En el origen del conflicto hay una cuestión que no es para tomársela a cachondeo. Por un lado, los de Villaluenga quieren una Indicación Geográfica Protegida (IGP) para el queso payoyo de esta población. Mientras que los queseros aglutinados en la asociación de la Sierra denominada Quesica están quejicas, porque intentan conseguir una Denominación de Origen Protegida (DOP) desde hace 14 años.

En el fondo de la cuestión, lo que está en juego es que el queso payoyo sea independiente; esto es, una desconexión del queso de la Sierra. Por el contrario, con la denominación de origen total, se podrían revalorizar los quesos de El Bosque y Grazalema, entre otros municipios. En general, históricamente, la división siempre ha existido. Cuando íbamos de viaje a la Sierra, casi siempre se paraba en Grazalema y Villaluenga, para comprar sus respectivos quesos. Hasta que el payoyo empezó a hacerse famoso entre los gurmés. Entonces ya parecía que las ovejas y las cabras eran astronautas, pues los precios se elevaron.

Lo mejor sería una mediación diplomática de Irene García, presidenta de la Diputación, para que firmen la paz. O de Kichi, el alcalde de Cádiz, que está mediador en todo. Las guerras suelen ser de final incierto. Todo esto es difícil de entender para el consumidor. Por eso, es mejor que degusten los quesos de la Sierra, que están buenos y tienen sus variantes. Y que acaben pronto las guerras, sin víctimas en los rebaños.

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