De dos en dos

Javier Anso

Las siete generaciones

El jueves 6 de mayo conoceremos las respuestas de los partidos políticos y demás agentes sociales al borrador de Pacto de Estado por la Educación que presentó hace unos días el ministro de Educación, Don Ángel Gabilondo.

Los partidos, sindicatos, organizaciones empresariales, asociaciones de padres, etc., reconocen avances sobre borradores anteriores, pero siguen señalando discrepancias. Aunque es difícil, ojalá se logre ese Pacto; sin él, seguiremos dando bandazos, y poniendo en peligro nuestro presente y nuestro futuro.

¿Por qué no hay acuerdo? Sin duda porque todas las partes tienen posiciones legítimas pero no siempre coincidentes. Ese no es el problema, porque lo diverso, enriquece; el problema es que cada parte convierta su posición en condición sine qua non para firmar el Pacto. Con posturas así no tendríamos Constitución. En 1978 se consensuó: partidos y ciudadanos aceptamos aspectos que tal vez no nos gustaban del todo por dotarnos de un texto común que, por encima de nuestras legítimas discrepancias, nos restituyera una democracia que nunca se nos debía haber arrebatado.

Ahora también, y por un bien mayor como es el futuro de nuestro país, debemos hacer un esfuerzo de consenso por encima de lo normal. Los ecologistas dicen: "No hemos heredado la Tierra de nuestros padres; nos la han confiado nuestros hijos". Lo mismo sucede con la Educación, que no es una pesada herencia o una larga historia de conflictos; lo que hemos recibido es un depósito que nos han confiado nuestros hijos, y los suyos, y los que vengan después, para que hagamos lo posible por lograr que los hombres y las mujeres de hoy y de mañana sean felices, cultos, libres, responsables, solidarios.

Se dice que los salvajes indios en América, cuando tenían que tomar una decisión muy importante, sentaban en torno a la hoguera a siete generaciones de miembros de la tribu: los que estaban vivos y los de las próximas generaciones, para escucharles y ver qué tenían que decir sobre las consecuencias que tendría sobre ellos esa decisión. Ojalá que también quienes nos representan sean capaces de superar visiones a corto plazo y enfoquen este tema, y los demás, con esa perspectiva. Ojalá que logremos un Pacto de Estado por la Educación que sirva tanto para el presente como para el futuro. Ojalá seamos capaces de dejar de rodear a nuestros alumnos -algunos de los cuales serán ciudadanos y ciudadanas del siglo XXII- con polémicas del siglo XVIII. ¿Es pedir demasiado que miremos hacia delante; que nos comportemos como los indios americanos?

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