De todo lo leído sobre el supuesto sorpasso de Ciudadanos al PP, lo que apuntaba aquí Ignacio Martínez haría las delicias de cualquier neoliberal. La caída del monopolio electoral y la brutal competencia por ese nicho de votantes ha mejorado los resultados de la derecha. La suma C's y PP crece y sigue creciendo.

El problema, sin embargo, no es la suma, sino la división. C's gana terreno al PP. Se dan explicaciones (la corrupción, la juventud de los líderes de C's, el mensaje urbano y reformista, la gestión de la crisis catalana, etc.) con las que podemos estar más o menos de acuerdo. Pero no con otra razón, por mucho que venga avalada por el CIS y sea la preferida de los estrategas del PP. La de que el PP es percibido como un partido demasiado de derechas, más de derechas que de izquierdas Podemos.

No pongo en duda el dato, siempre y cuando subrayemos la palabra "percibido". Porque, en realidad, ¿el PP es de derechas? ¿Defiende la moral y las costumbres de toda la vida? ¿La propiedad privada y la bajada de impuestos? ¿La nación española? ¿La libertad de expresión y una reacción cultural al discurso de lo políticamente correcto? ¿Hace honor a su memoria histórica?

El PP es percibido como de derechas por la única razón de su posicionamiento en el arco político. No hay nadie situado más a la derecha que el PP (porque el PP ha asfixiado todos los intentos). Eso hace que por mucho que se desplace hacia su izquierda (que es mucho), siga siendo el partido que queda más a la derecha. No es extrema derecha, ni moderada, pero está en el extremo de la derecha.

La ventaja competitiva es para Ciudadanos. Sin el desprestigio que en España tiene "ser de derechas", que ése lo copa el PP, C's puede hacer un discurso menos timorato en asuntos claves (lo nacional, la defensa de las clases medias, el liberalismo económico, el Estado de Derecho y la división de poderes, etc.) que tienen un gran atractivo para muchísimas personas, siempre y cuando no sepan que son ideas… "de derechas". Mientras tanto, el PP lucha infructuosamente por quitarse de encima la etiqueta y lo hace al precio de seguir desencantando a sus votantes naturales.

No es un nudo gordiano, sino un nudo corredizo, del que el PP sólo podría sacar el cuello con la existencia de algún partido, todo lo minoritario que se quiera, pero significativo, a su derecha. Si no, la posición la tiene perdida y el mensaje, extraviado.

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