Opinión

Pedro M. Espinosa / Pespinosa@ / Diariodecadiz.com

El dueño de la banda

HAY jugadores imperdurables y otros con fecha de caducidad. Futbolistas que sienten los colores sin aspavientos, sin necesidad de besar el escudo de la camiseta. Profesionales del balón que se visten por los pies, de esos que miran a los ojos con sinceridad y que hablan mejor en el campo que en la sala de prensa. Es su terreno. Su parcela. Son sus dominios y allí nadie les puede toser. Son jugadores que desde jóvenes se adueñan de sus puestos y se los quedan para siempre. Gente como Raúl López, un jerezano cadista que debe servir de ejemplo para las generaciones venideras. Por todo. Por su forma de ser, por su profesionalidad, porque nunca ha dado un problema en los años que lleva en el club, porque contagia entusiasmo, entrega, lucha... porque es un seguro. Raúl López no es infalible, pero como si lo fuera, porque su compromiso es total, en la salud y en la enfermedad. Sólo una enfermedad pudo quitarle el puesto al 3 del Cádiz y cuánto lo hemos echado de menos. El Carranza lo demostró el domingo, vitoreándolo a cada jugada, cada vez que pasaba el centro del campo, cuando defendía como lo que es, un jabato, un futbolista del Cádiz con mayúsculas.

A sus 31 años, Raúl López mantiene su agresividad indomable pero sabe cómo utilizarla. Ha ganado en aplomo y podría decirse que ha aprendido a jugar al fútbol. Aquella sanción larguísima durante su breve paso por el Racing de Ferrol, aquel año y medio lejos de su tierra, lo hizo madurar de una manera soberbia. Desde entonces ha sido otro. Ahora ha vuelto para quedarse. Para correr la banda y para contagiar a su equipo, para gritar que es posible, que todos juntos se puede ganar a cualquiera. Raúl López es ya un símbolo del cadismo y ninguna mononucleosis puede tumbarlo. El jerezano puede ser otro de los buenos refuerzos del mercado invernal y Antonio Calderón lo sabe.

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