Su propio afán

enrique / garcía-máiquez

Lo que dignifica

ANDO haciendo excepciones a mis reglas, por culpa de la risa, que no me da tregua. Ayer gastaba una bromita sobre un apellido o dos (Moral y Santín) y hoy vengo a transcribir un momentazo lingüístico de Susana Díaz. Proclamó en su mitin: "No voy a perder ni un minuto en seguir trabajando para esta tierra". Ay, Susana. No sabemos si el error fue de la presidenta o de su palmero mediático, que iba tuiteándole el discurso desde la cuenta oficial del PSOE de Andalucía. Pero ahí queda eso.

Explico mi regla exceptuada. No me gusta bromear sobre los fallos de expresión o escritura. Primero, porque quien esté libre de pecado que me tire la primera piedra. Segundo, porque no se me va de la memoria el intercambio de frases que cruzaron el ilustre Rui Barbosa y el feroz Pinhero Machado. Rui Barbosa, el gran prohombre brasileño, se rió de una incorrección de su contrincante. Pinhero Machado se revolvió: "Vuestra Excelencia me puede corregir, y es justo que lo haga. Pues, mientras Vuestra Excelencia aprendía a hablar bien y bonito, yo mataba y moría en la Guerra del Paraguay". Ahí quedó eso. Ridiculizar a nadie con la cultura, que es para todo lo contrario, resulta una de las ordinarieces más gordas y feas. Mucho mejor sacar la lección de cualquier fallo, que seguro que la tiene. Mi hija no dice "significa" sino "dignifica". Cada palabra sobre la que pregunta o que nos explica "dignifica" algo. Yo, en mi papel de padre, debería tal vez corregirla, pero quién interrumpe tanta belleza. Que hablemos, que nos comuniquemos, que las palabras tengan realidad, es una dignidad incomparable.

Pero eso, más o menos, es el argumento de Freud para convencernos de que los fallos lingüísticos también significan. Son las fisuras que encuentran las realidades silenciadas para salir a la luz. ¿Es lo de Susana Díaz un lapsus que nos demuestra que ella, en el fondo, no piensa perder su tiempo trabajando aquí? No creo. Es nada más que el clásico lío infantil con la doble negación. Que tiene su gracia, porque justamente de eso la acusan, de querer largarse de Andalucía; y por detrás está la sospecha de que gestionar, gestionar, no gestiona. Otra cuestión, muchísimo más grave, es que, o dicho bien o con el fallito, lo del tanto trabajar para Andalucía se use como excusa para no batirse a muerte con la corrupción, que es lo que más necesita esta tierra. Algo que no se puede demorar ni un minuto.

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