El Pinsapar

Enrique Montiel

Con dignidad

AHORA toca. En Andalucía. La muerte digna. Ya no se llama "muerte por compasión", que eso es la eutanasia: "Acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él", dice la RAE. Se viene encima una polémica absolutamente sobrecogedora. No se trata de que una mano lave a la otra y las dos laven la cara, no se trata de estar preguntándonos continuamente por el hospital que aún no sabemos si se va a hacer en Cádiz o en Puerto Real, ni cuándo se va a hacer, o las carencias del Sistema Público de Salud en Andalucía, no, lo que ahora viene es esta cosa terrible de la eutanasia, que ya ha cambiado el nombre por el de "muerte digna" porque queda como más, no sé, cómo le diría… ¿buen rollito?

Estamos en lo que estamos, levantando otro muro entre nosotros: aquí los a favor, allí los en contra. Progresistas y reaccionarios de nuevo. Detrás de los curas otra vez. Con un cirio, con un palo. Porque todos saben que en la primera línea de oposición estará la Iglesia Católica. ¿Quién, en su sano juicio, puede oponerse a una muerte digna? La Iglesia Católica. Es evidente. La carcundia, la extrema derecha, las fuerzas reaccionarias vertebrada en torno a los obispos de Rouco. En la Cuba de los Castro le llamarían "la gusanera". Que, evidentemente, lo que quieren es alargar el sufrimiento del moribundo (no le llamemos enfermo, resultaría más complicado) para confirmar una vez más que "esto" es un valle de lágrimas. Pero…, porque es inhumano alargar inútilmente la vida indigna, hay que llamar a la muerte digna. Y, sobre todo, que va a ser voluntario. Del enfermo mientras tenía un adarme de lucidez, de los familiares responsables. ¿O no?

Quienes ya tenemos muertos, muertos queridísimos, sabemos lo que es la dignidad de la muerte. Que son las sábanas limpias, el lenguaje afectuoso de los profesionales, la mejor práctica médica. Y el respeto. Cada caso es cada caso y ya sabemos que algunas veces una montaña de dolor se nos cae encima y nos sepulta. Por eso venía diciendo que lo que viene, llega para enfrentarnos. Dividirnos. E impedir que se hable de los hospitales que no se hacen, de los centros de salud que faltan, de tantos y tantos médicos que necesitan un trato más -digamos- "afectuoso" de una Administración que igual está más por la cuenta de resultados que por la inversión solidaria, equilibrada entre los territorios de nuestra Andalucía.

Entre el milenarismo y la eutanasia vamos a cumplir el primer decenio del siglo XXI, el tiempo en que Julio Verne imaginó los fantásticos artefactos, los viajes interestelares… Y otros imaginativos apartaron sus ojos de la visión del apocalipsis…

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