Editorial

¿Y el debate andaluz?

LA encuesta preelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), basada en un muestreo de más de 18.000 españoles en edad de votar, revela, como todas las que se han venido difundiendo, que, a tres semanas de las elecciones, Partido Socialista y Partido Popular mantienen idénticas expectativas de ganar. Un empate técnico, coinciden los analistas, con una leve ventaja socialista traducida en un reducido número de escaños. Estamos, pues, ante los comicios más reñidos desde hace muchos años, en los que el propio desarrollo de la campaña -por ejemplo, los debates televisados, al fin pactados- va a resultar decisivo para inclinar la balanza en una u otra dirección, máxime teniendo en cuenta que hay un treinta por ciento de electores que se declaran todavía indecisos. La lucha va a ser encarnizada por arañar votos, especialmente en una docena larga de circunscripciones electorales en las que pequeñas variaciones sobre los resultados de 2004 pueden alterar la composición final del Congreso. Aun así, también son reiterativas las encuestas en augurar que ninguno de los dos contendientes que son alternativa, Zapatero y Rajoy, logrará una mayoría absoluta que les permita gobernar en solitario durante la próxima legislatura. Ello significaría que nuevamente la política nacional volvería a depender considerablemente de las minorías parlamentarias, especialmente las nacionalistas, que de hecho han empezado a poner condiciones a los dos partidos nacionales mayoritarios incluso antes de haberse celebrado las elecciones generales. El otro factor político significativo de este empate PSOE-PP a nivel nacional que tanto contribuye a focalizar la campaña electoral es que la campaña para las elecciones andaluzas ha desaparecido literalmente. El debate nacional, como era de temer, se ha tragado el debate andaluz. Nos reafirmamos una vez más en que la coincidencia de elecciones generales y elecciones autonómicas perjudica a Andalucía. Todas las fuerzas políticas andaluzas deberían comprometerse a pactar una ley que la impida en el futuro, ya que no ha sido posible hasta ahora.

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