La esquina

El cretino y el peligroso

SIEMPRE es bueno que haya niños chicos para echarles la culpa de los desaguisados de los mayores. Siempre es bueno que exista un concejal de pueblo que diga en voz alta lo que sus mayores piensan, y callan, para descargar sobre él las tormentas que éstos desencadenan.

El concejal de la Izquierda Unida catalana Lluís Suñé, natural de Torredembarra, independiente e independentista, ha desbarrado reproduciendo en su blog un presunto llamamiento de Unicef a apadrinar niños extremeños en estado de necesidad. El edil trata de ironizar sobre la "insolidaridad" de Cataluña, pero el hombre debe tener la gracia a la altura de la rabadilla y lo que le sale es una broma de mal gusto. Seguramente él no lo sabe, pero ha excretado un sarcasmo humillante del mismo estilo que las vejaciones a que los señoritos antiguos sometían a sus criados, agradadores e inferiores.

Naturalmente, el cretino ha desatado una tormenta veraniega de desautorizaciones y críticas que alcanzan desde la Junta de Extremadura a la Generalitat pasando por su propia coalición. Bien merecida, por otra parte. Abrumado por el aluvión, y sorprendido como el niño traviesillo que comprende demasiado tarde el alcance de sus barrabasadas, Suñé ha terminado por retirar el anuncio de su blog y pedir disculpas "si alguien se ha sentido ofendido". ¿Cómo que si alguien se ha sentido ofendido? Cualquier persona con una mínima sensibilidad tiene que sentirse ofendida cuando se toma a chacota la solidaridad con los que la necesitan.

Pero el auténtico daño a la solidaridad no lo hace el desahogado concejal de pueblo que difunde una gracieta sobre las balanzas fiscales, sino la clase dominante de Cataluña en su conjunto (políticos de casi todo el espectro, patronal, movimientos cívicos, creadores de opinión) que utiliza las balanzas fiscales para amarrar el discurso que viene sosteniendo desde hace años: que Cataluña está siendo esquilmada porque aporta al mantenimiento del Estado mucho más de lo que recibe y ve cómo la riqueza que crea no le sirve para desarrollarse más, sino para alimentar a los habitantes de otros territorios instalados en la subvención (extremeños, y también andaluces, asturianos, gallegos, etcétera). Lo malo es que esta creencia tan extendida es hoy doctrina oficial y la base de la política que realiza el Gobierno de Cataluña. Sigue los pasos de Italia: la rebelión de los ricos del Norte contra los parásitos del Sur y el centralismo burocrático de Roma (Madrid, en este caso).

De modo que el peligro no está en el concejal cretino Suñé, que va de chistoso, sino en el presidente José Montilla, que habla y actúa completamente en serio. ¡Y en nombre del socialismo!

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