EL ALAMBIQUE

Enrique / Bartolomé

Un año para soñar

COMIENZA un nuevo año. Otros 365 en los que tendremos de todo. Posiblemente guerras, malos tratos y sinsabores en lo que respecta al mundo que nos envuelve y con seguridad muchas batallas personales en nuestro ambiente más cercano. Doce meses que darán para mucho, si es que hemos sido conscientes de las múltiples oportunidades que perdimos y del tiempo malgastado en trifulcas y discusiones con poquísimo sentido, en el año que pasó.

En estos primeros días de enero, cuando las hojas del almanaque, vírgenes e inmaculadas, se aprestan a afrontar estos doce meses si prisas, pero sin pausas, hacemos sin querer proyectos que en algunos casos se quedarán sólo en eso. Para algunos será un año de ilusión y de fantasía, para otros ese año nefasto, en el que indefectiblemente se perderán seres queridos; la empresa se irá a pique; aumentarán las largas listas del desempleo; se truncarán ilusiones; se perderán oportunidades. Para muchos, al fin, pasará sin pena ni gloria. Sin que ni el invierno ni el verano supongan alteraciones, ni siquiera en el uso y disfrute de las vacaciones. Incluso en lo personal, todo será igual. Y esto si que es verdaderamente preocupante.

Si analizamos una a una las cuestiones que, con cierta razón nos preocupan, seguro que encontramos mucho de desilusión, de incredulidad, de inocencia perdida, de escasez de fantasía. Y así, ¡claro!, es muy complicado que podamos tener un horizonte que deje de ser plano de una vez por todas.

Así que, con las expectativas que sean, apuesto para que no tengamos que estar lamentándonos porque el 2008 pasase de largo sin parada en nuestra estación. Que no engrose, una vez más, nuestra ya abultada agenda de años que van cayendo en el carné de identidad.

Desde este hueco libre y alambicado, azotea donde las haya, os insto a que sigáis ilusionados. A que intentéis conseguir esos sueños imposibles. A que luchéis porque esas tertulias con nuestros vecinos se alarguen en la noche. A que miréis el futuro con toda la fantasía que os quepa en el cuerpo. Además me quedo con esa reflexión que hacía uno de nuestros pensadores más ilustres, José Ortega y Gasset: "La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada".

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