Volver a San José

Volver a San José es también no salir del Carmen. Puerta cerrada, a la que hoy nadie llama

En aquellos años, cuando salía del Carmen, cuando la cruz de guía se asomaba a la Alameda, nadie imaginaba que volvería la memoria a detenerse en otro pasado más remoto. Nadie imaginaba que volvería a encenderse la candelería del Amparo en San José, que la palmera rozaría contra una puerta que había sido la suya, que unos niños con palmas saldrían ilusionados a la Avenida, mientras sus abuelos recordaban viejas tardes, cuando ellos hicieron lo mismo. ¿Y cuándo fue? En otro siglo. No salían de San José desde 1974. Por eso, hoy se refresca un pasado que nos parecía remoto. Y se cubrirá de nostalgia un jardín olvidado, a la vera del mar.

Volver a San José es regresar a los cables de un tranvía que ya no existe. Es como ver a los antiguos cargadores profesionales, llevando a duras penas los pasos por la Avenida, con el rumbo fijo de las Puertas de Tierra. Jesús de la Paz entrando en la nueva Jerusalén que es Cádiz. Viene por un escenario que contempló con sus ojos.

Volver a San José es recuperar días antiguos, ennoblecidos por el oro difuso de los soles gastados. Niños que estrenan ilusión, padres que ya no están, trampantojos o espejismos... Las horquillas que suenan, los penitentes que avanzan, las palmas erizadas por el levante como un repeluco que nos solivianta. Un paso de palio junto a la Avenida de Portugal parece insólito, no se había visto desde el siglo pasado, cuando allí estaba el freidor de la Oriental.

Volver a San José, con todas las consecuencias. Porque este año la Borriquita no se quedará en las Descalzas, ni en otros templos del centro, sino que regresará hasta el que vuelve a ser su barrio. Una madrugada rara, en la que sonarán marchas con un eco que nos devuelve otro tiempo. Y detrás irá el Señor Despojado, como si los dos testimonios de un Domingo de Ramos en los extramuros se dieran un abrazo. Es la consumación de la Semana Santa beduina.

Volver a San José es también no salir del Carmen. Puerta cerrada, a la que hoy nadie llama. El tiempo convertirá en nostalgia lo que ya es un recuerdo latente. El tiempo sacudirá los cimientos: todo lo que comienza deja atrás una pérdida. Jesús de la Paz y la Virgen del Amparo emigraron desde el Mentidero, por motivos que son tristes, por unas heridas que es mejor no hurgar.

Volver a San José es irse del Mentidero para buscar otro tiempo perdido. Capirotes en la Avenida, la sonrisa de un niño, nubes tupidas de incienso, globos, pirulís y avellanas, el estreno de la vida. Hoy se recorre el camino más corto para huir del olvido.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios