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EL ALAMBIQUE

Diego / Mora

Violencia de género

HOY me toca hablar de un tema complejo y difícil pero, desgraciadamente, de permanente actualidad, como es la violencia de género. Es verdad que la diferencia de opinión en la pareja con frecuencia deriva en discusiones inútiles y a veces en desprecios y amenazas. Cuando llegan esos momentos de pérdida de control, cualquier cosa puede ocurrir. En un ambiente de mayor cultura democrática como el que atravesamos sería lógico pensar que este problema iría a menos, pero por el contrario cada año se baten récords como demuestran las 74 mujeres víctimas del pasado 2007. Y el año recién comenzado va por los mismos derroteros.

Soy consciente de la gravedad del tema y creo honestamente que la violencia de género es ejercida por ambos miembros de la pareja, aunque no en la misma forma. Me explico. El varón, más elemental y primario, recurre al recurso fácil y cobarde del insulto, la amenaza y la agresión física, lo que le priva de todo átomo de razón. La mujer en mi opinión es más astuta y recurre a la violencia psíquica, muy eficaz y destructiva si se utiliza con tenacidad y oportunismo.

Abandonar los restos, aún evidentes, de una sociedad machista, es urgente, pero caer en el extremo contrario de una sociedad feminista es otro error grave. Entre todos debemos encontrar una sociedad humanista en que la pareja se respete y se ayude, que es el principal fin de su creación y la razón fundamental de su existencia. El varón debe haber llegado ya a la convicción profunda de que la mujer es de igual naturaleza y por lo tanto poseedora de los mismos derechos y deberes. La única faceta que los distingue es la posibilidad que la mujer tiene de llevar dentro de sí a los hijos durante nueve meses de gestación, pero eso no la hace ni superior ni inferior al varón. Este convencimiento y un enamoramiento profundo, con grandes dosis de humildad, ayudarían a la pareja a ser felices y a no olvidar que cada uno de los dos es la rueda de un carro que necesita de ambos para avanzar en la misma dirección. Cualquier discusión o enfrentamiento debe ocultarse a los hijos, sobre todo si son pequeños, por el grave impacto negativo que se produce en su desarrollo personal y afectivo. No deberíamos olvidarlo. Hasta pronto.

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