EL ALAMBIQUE

Enrique / Alcina

Vericuetos

POR los vericuetos de la vida, los carteros se vuelven locos e insomnes. Y los carteros reales, no digamos. Ya preparan el carbón para el invierno y para los que se han portado mal este año. La lista se antoja interminable. No hay mafia en El Puerto, qué va. Cada portuense o nacionalizado de la Bahía de la ilusión oculta un pequeño gangster en su interior. Puros negocios oscuros, trapicheos con vistas al mar, ladrillazos en tol coco de la honestidad, esquinas dobladas por el viento tonto. Todo ello sin factura, claro. Por los vericuetos del sol redondo juegan al escondite los fantasmas del porvenir. Compadezco y envidio al pobre cartero que cada mañana escudriña entre la maleza humana para endiñar al vecindario imaginario su ración de tarjetas de unicef, con una pizca de falserío para sazonar estas fiestas tan trágicas y sangrientas. Navidad criminal, ya se venden entradas para la catástrofe, quedan pocas, dese prisa, la mejor serie del invierno se acerca a su desenlace. De cualquier modo, saldrá en deuvedé, así que no se aflija.

Hay gente en El Puerto que vive verdaderamente en el quinto pino. Gente corriente que construye su casita, como en los agridulces cuentos de niños, que se hace una piscina con los ahorros, que labra su pasado a yunque y martillo, que saca el dinero de un pozo negro alejado del mundanal escándalo. El día que se acabe la ayuda familiar, la subvención europea, las becas flacas, la fiebre del euro y las pensiones de mírame y no me toques, ¿qué pasará? ¿Sacarán los niños eléctricos la pistola y se liarán a tiros contra su sombra? Ya vienen los reyes del mango, jalando del consumismo voraz. A Papá Noel ni se le espera, pues el trineo no tiene cohone de entrar por los vericuetos diseminados del cielo urbanizable. Sin Pegou no hay regalos, dice el tío carajote. Papá Noel siempre fue un sieso disfrazado de gordito simpático enviado por el Cortinglé. Los Reyes, en cambio, traerán este año de todo pa callar a los niños de una vez. ¿Por qué no se callan? El día que los niños callen para siempre, la conciencia del mundo caerá en tinieblas. De momento, a vivir que son tres o cuatro días más iva.

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