Triunfo del Nuevo Puente

El puente está transformando las costumbres. El casco antiguo se consolida como la gran zona de ocio y hostelería

Ha sido como un cumpleaños feliz. El Nuevo Puente de Cádiz fue inaugurado hace dos años, cuando José María González ya era alcalde. Si bien es cierto que todo el mundo sabe que este puente fue el niño mimado de Teófila, que estuvo 20 años de alcaldesa para que se lo construyeran, incluso intentando convencer a ministros socialistas de Zapatero; y al final, cuando iba a cortar la cinta junto a Rajoy, pusieron al otro en la Alcaldía. Esto también se sabe como fue. Pero lo que no se conocía, hasta que lo publicó ayer Pedro Espinosa en el Diario, es que el Nuevo Puente ya es el líder. Contentos estarán los que se oponen a iluminarlo en modo monumento, con la excusa de que espantarán a las gaviotas de la Bahía. Como si las gaviotas no estuvieran ya curadas de espantos.

El Nuevo Puente de Cádiz le va ganando al Puente Carranza por 21.000 vehículos a 20.600. Y eso que no dejan pasar a las bicicletas, para ir a lo que queda del Campus de Puerto Real. El carril bici por el Nuevo Puente lo defiende gente que no ha montado en bicicleta por allí un día de levante. Recuerdo que en la Vuelta Ciclista a España, cuando lo atravesaron con fines promocionales, llegó un gachó con casi cinco minutos de ventaja al Río San Pedro y al aterrizar en la barriada de la Paz ya lo había engullido el pelotón. Es un puente para Froome y Contador, no para una bicifestación.

Al Nuevo Puente de Cádiz nadie lo llama por su nombre de la Constitución de 1812, ni tampoco de La Pepa. Dos años después, se le sigue diciendo el el Nuevo Puente o el Segundo Puente. Por el contrario, al Puente José León de Carranza la gente lo llama el Puente Carranza (a pesar de que Martín Vila le quería quitar el nombre, cuando le dio un arrebato de memoria histórica), y a nadie le ha dado por bautizarlo como el Puente Viejo. Con eso se demuestra que a los puentes, a las calles y a los estadios la gente los llama según les sale.

Decían antes, en aquellos anuncios tan criticados, que el Nuevo Puente transformaría la ciudad. Por ahora, al dividir el tráfico, ha suprimido los atascos del Puente Carranza y la Avenida. Pero yo he visto in situ que está transformando las costumbres. El casco antiguo se consolida los fines de semana como la gran zona de ocio y hostelería, en detrimento del Paseo Marítimo. Muchos visitantes de los Puertos, y de más allá, entran por el Nuevo Puente y se van del tirón a Cádiz Norte.

El centro histórico gaditano está ahora mucho más ambientado, gracias al puente, a pesar de los tropecientos pisos vacíos.

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