¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Torra 'el Supremo'

En aquellos noventa, Alfonso Lazo, recién finalizada su dilatada carrera política como diputado socialista en el Congreso, impartía un curso de doctorado con un inquietante título: De la Belle Époque a los campos de exterminio (citamos de memoria). En sus clases, que se desarrollaban en torno a una mesa de juntas -la Universidad española, a veces, tiene lujos oxonienses-, el profesor analizaba pormenorizadamente los orígenes intelectuales del nazismo partiendo de una idea: el nacional-socialismo fue la culminación política de una serie de corrientes filosóficas y científicas que a finales del siglo XIX y principios del XX gozaron de un enorme prestigio y que llegaron a seducir a algunas de las mentes más brillantes de Europa y Norteamérica. Sin embargo, tanto la derrota militar de la Alemania de Hitler y el consiguiente descubrimiento de los horrores de la Shoah, como el avance de las ciencias naturales y antropológicas, desprestigiaron y ridiculizaron completamente estas ideas. El racismo, incluso el de baja intensidad, es hoy un recurso argumental que delata, además de a los canallas, a los menos inteligentes.

Toda esta tabarra viene a cuento del flamante presidente de la Generalitat, Quim Torra, el último conejo sacado de la chistera del procés por un Puigdemont que ya no sabemos si admirar como se admira a los malos de las películas o despreciar con arrogancia hidalga. Lo que no compartimos son algunos de los análisis realizados por la prensa en los que se afirma que la elección de Torra es un error del independentismo. Más bien consideramos al nuevo president una consecuencia lógica e inevitable de un nacionalismo catalán que, aunque siempre ha intentado disfrazarse de civilidad, es profundamente racista y xenófobo. Lo triste es que el supremacismo nororiental ha contado con el apoyo de una progresía española que aún no ha sabido dar por amortizada su etapa antifranquista.

Para lavar su imagen, Torra el Supremo felicitó ayer a la comunidad islamocatalana por el inicio del Ramadán, lo que nos recuerda al "negro-negro" con el que Arzallus intentaba demostrar su falta de prejuicios con el color de la piel siempre que el sujeto fuese vascoparlante. Mejor le hubiese quedado al president una felicitación a los charnegos por la romería del Rocío, que estos días despliega sus encantos por el Coto para goce y desesperación, a partes iguales, de los andaluces. Pero, quizás, ni eso hubiese maquillado lo que ya todos hemos visto (menos las justicias belga y alemana, cuya venda en los ojos es mucho más que una metáfora ).

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