Su propio afán

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Susana no

SUSANA Díaz es la próxima candidata del partido socialista y siempre lo será. Cada cierto tiempo salta a las primeras páginas la noticia de que se dispone a coger el AVE para Madrid, pero ella prefiere pájaro en mano que ciento volando. Está en la estación, como Penélope, con su bolsito de piel marrón.

No se subirá por un sinfín de razones. El calendario de trenes, la primera. Si Pedro Sánchez logra cualquiera de sus combinaciones de gobierno (juega a dos o tres barajas), no hay nada que hacer, claro. Pero si no lo logra, se habrán echado encima las nuevas elecciones y no quedará tiempo para experimentos. Luego están las perspectivas. Susana tiene un sillón. Las elecciones futuras no auguran nada extraordinario para el PSOE con independencia del candidato o la candidata. Ella preferirá ser cabeza de ratón a cola de león. Y, hablando de ratones, está el parto de los montes de su gestión de Andalucía, cuyos datos no son para presumir. Y, para rematar este ramillete de argumentos, están sus debates electorales con Juanma Moreno. Basta volver a verlos para comprender que Susana Díaz, que da muy bien a pie de calle y en los mítines entre su gente, se desinfla en la tensión de un debate de igual a igual (¡y hablamos de Moreno Bonilla!).

Si no irá a Madrid, ¿por qué cada dos por tres nos desayunamos entonces con la noticia de que va, de que va? Hay otro abanico de motivos. Entre otros, las ganas de los que desean un PSOE moderado, constitucionalista y español. Esa imagen se la ha ganado Susana Díaz en buena lid y la ha demostrado con su pacto con Ciudadanos. Es su gran atractivo. Pero del atractivo al atreverse va un gran trecho que sólo salta el pensamiento desiderativo. Puede que sea, para otros, una manera maquiavélica de espolear a Sánchez a cerrar cualquier pacto para salvar su cabeza. Y, a la vez, lo contrario: una manera de amenazar a Sánchez para que no caiga en su tentación del populismo radical. Lo cual, a estas alturas, ya no funciona. Es lo del cuento de Pedrito y el lobo, pero con Pedrito en el papel de advertido por la experiencia de que el lobo no viene nunca. Y, sin duda, a Susana le halaga mucho verse en el centro de los rumores, y adornarse después con la media verónica de su interés exclusivo por Andalucía. Pero eso dejó de colar. Lo dijo un poema de Luis Alberto de Cuenca: "Invéntate otros juegos, vida mía,/ que el premio del engaño es el olvido".

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