¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Suicidio en el PP

El electorado del centro-derecha español está demostrando ser de digestión lenta, pero implacable. Sólo hay que ojear las encuestas sobre intención de voto del CIS, Metroscopia o la recientísima Egopa para darse cuenta de hasta qué punto el PP se está asomando al abismo de la irrelevancia política, como antes le ocurrió a la UCD en España, al Pasok en Grecia o al PSF en Francia, que pasaron del todo a la nada in ictu oculi. El modelo aznariano del PP, aquel que consiguió llevar a un partido lastrado por el sociofranquismo a convertirse en la referencia de unas clases medias de amplio espectro, parece que está convulsionando y la única salida de los populares es acometer lo más rápido posible una refundación ideológica y una renovación de los cuadros. Al fin y al cabo, la clave del éxito en la política contemporánea está en saber adaptarse lo antes y mejor posible a las continuas y aceleradas mutaciones de una sociedad que ha entrado definitivamente en crisis (la económica sólo ha sido la más dolorosa) y que está alumbrando algo completamente nuevo y, por ahora, desconocido.

El complejo de Bartleby de Rajoy y su "preferiría no hacerlo" ya no funciona. En una época como la nuestra, en la que las tecnologías de la comunicación nos han acostumbrado a la respuesta inmediata, ya no se admite el ritmo de ferrocarril alfonsino del presidente del Gobierno. Pero no estamos sólo ante un problema del líder, sino ante el de toda una burocracia de partido que durante años ha tenido secuestrado a un centro-derecha cuyo único anhelo era evitar que la izquierda gobernase, independientemente de las políticas que luego, una vez en el poder, se ponían en marcha. Todo ha cambiado con la aparición de Ciudadanos, el verdadero giro disruptivo en la política española en esta postcrisis, una vez desinflada la indignación del 15-M. El PP está ante un grave problema que va más allá de sus asuntos con la Justicia por la corrupción o de su desatención a los jubilados, cuya protesta, ojo, va creciendo silenciosamente. C's ya ha iniciado el asalto final a su fortaleza y todo indica que podría alcanzar sus adarves en el próximo ciclo electoral de 2019. Cataluña sólo ha sido un primer round.

¿Puede aún reaccionar el PP o ya se han puesto en marcha mareas inmanejables que lo desalojarán del trono del centro-derecha? He ahí la cuestión. Por ahora, Rajoy, ante la desesperación de un sector de su partido, no ha sido siquiera capaz de aprovechar la marcha de Guindos al Banco Central Europeo para hacer una crisis de Gobierno. Parece que hubiera decidido suicidarse lentamente, sin prisas, como un sabio de la Antigüedad.

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