Desde tribuna

José Joaquín León

Síntomas de debilidad y desencanto

ACABÓ la primera vuelta con mal rollito para el Cádiz. Cuando el rumbo parecía enderezarse, en este partido todo se vino abajo y nos encontramos con la cruda realidad. El Cádiz termina la primera vuelta con 28 puntos y casi ninguna posibilidad de ascender a Primera. Los resultados de ayer obligarían a conseguir más de 40 puntos en la segunda vuelta para ascender. Así que es mejor poner los pies en el suelo, asumir los muchos disparates que se han cometido en esta temporada y evitar que el desánimo lleve más abajo.

Antonio Muñoz ha intensificado algunos errores de Arturo Baldasano. Se encontró con una plantilla desequilibrada y la ha desequilibrado más todavía. Ha traspasado a Lucas Lobos, ha dejado irse gratis a Pavoni, anunció un fichaje, el del nigeriano Ogunsoto, que terminó en sainete... Es decir, no ha venido nadie todavía y se han ido la figura del equipo y un futbolista que jugaba en ese mismo puesto. Y además la gente está mosqueada en el caso de De la Cuesta, que es el mejor defensa del Cádiz y no juega pese a estar recuperado de su lesión. Ayer Calderón le dio prioridad a De Quintana, que sigue en baja forma, cuando se lesionó Raúl López. Inexplicable.

Venía el Cádiz de ganar en Sánchez Pizjuán al filial del Sevilla ofreciendo buena imagen. Sin embargo, desde antes de empezar el partido de ayer ante el Hércules, se palpaba cierto desencanto en Carranza. La afición no animaba, y no lo hizo hasta el empate transitorio, cuando Parri marcó el penalti. El equipo se encargó pronto de desmotivar más a la afición, ofreciendo una actuación penosa, una de las peores de esta temporada. Y no por casualidad, sino por la alineación que puso Calderón, que tenía a Casas y Dani como pareja de atacantes, lo que en teoría estaba bien, pero al jugar en el centro del campo Bezares y Fleurquin no había opciones de practicar un fútbol coherente. Por si fuera poco, Enrique tuvo una tarde desacertada y Gustavo López no se coló por su banda ni una sola vez en todo el primer tiempo. Así, el Hércules, que estaba en crisis, jugó a sus anchas y se adelantó con todos los méritos. Un detalle: desde que se ha ido Lucas Lobos se han perdido los dos partidos en Carranza y los rivales juegan con tranquilidad.

Supongo que Parri no estaba para muchos trotes. Cuando apareció al principio del segundo tiempo, al menos había uno que servía el balón con cierto criterio, pero el empate sólo llegaría en una jugada aislada que acabó en penalti. Y, tras errar una ocasión clara para el 2-1, el Cádiz volvió a hundirse en sus propias mediocridades.

Quiso el destino que Ion Vélez, uno de esos fichajes que tanto sonaron y nunca llegaron, fuera el autor material del 1-2. Se escapó más solo que la una. El Cádiz acusaba sus debilidades, entre ellas una defensa con un jugador al que le pidieron que se buscara equipo y un ataque con un chaval del filial, Bienve, como mejor argumento.

Hay trenes que nunca vuelven. Pasan cuando tienen que pasar, y están ahí para quien se sube a tiempo. Para viajar en dirección al ascenso, el tren del Cádiz pasó la víspera de Reyes ante el Málaga y ayer. Lo malo es que lo recibimos con peor equipo y se nos fue. Por eso, el público está decepcionado.

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