Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Siente un constitucionalista en su mesa

Ante la gravedad del conflicto con mi vecina he pensado que es mejor llamar a un profesor de derecho constitucional

Mi vecina Carmeluchi la del cuarto no me deja en paz. Se niega a pagar su cuota de la comunidad porque dice que paga mucho y eso beneficia a otros vecinos más pobres, que ella no tiene la culpa de que tengan menos dinero y que cómo va a sufragar ella gastos de otros. No quiere limpiar la escalera cuando le toca porque dice que eso es promover a los vagos del primero que viven a costa del trabajo de los demás. Hace un ruido infernal a todas horas del día y de la noche. Se ha comprado un perro que no veas la brasa que da . Se deja el portón abierto cada dos por tres. Se niega a contribuir para la bajada de fachada y la mejora del ascensor. No quiere sacar la basura cuando le toca. Ante la gravedad del conflicto pensé en llamar a un administrador de fincas que se hiciese cargo de la gestión de la comunidad y del cobro de impagados pero he pensado que es mucho mejor llamar a un profesor de derecho constitucional. En España debe haber miles así que no creo que me cobre mucho por asesorarme. Las televisiones, las radios, los periódicos y las páginas web tienen en plantilla a un montón de profesores de derecho constitucional, algunos de ellos catedráticos. Los hay que son incluso eméritos, que no sé muy bien lo que es pero suena espléndido. Todos hablan con una suficiencia y una sabiduría asombrosa. Todos tienen soluciones para lo que ocurre. Debe ser que en España hay miles de facultades de derecho y cada facultad debe tener unos cuantos departamentos de constitucional poblados por cientos de profesores. Por si fuera poco todos saben con exactitud lo que hay que hacer en cada momento, con la precisión del cirujano. Los que no paran de rajar salvo que en lugar de llevar la bata verde SAS llevan una toga y un birrete. Los 45 millones de españoles estamos atribulados pero unos pocos saben con exactitud qué hacer. Esos son los que me convienen a mí, para meter en cintura a mi vecina. Que le apliquen la Ley de Seguridad Ciudadana, el Código Penal, el delito de sedición o el 155 (íííín que escribe Enrique Alcina) pero que me resuelvan la papeleta. Si saben arreglar el embrollo catalán, contri má, como se dice en Cádiz, un lío en mi comunidad. Mi sediciosa vecina es egoísta y levantisca, piensa que manifestándose en el patio cada día con una vela y un chaleco nos va a intimidar. Pero de eso nada, que un profesor de derecho constitucional va a arreglar el asunto. Vamos a ver si mi vecina no termina en el talego, aunque sea en Puerto 2 en lugar de Soto del Real.

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