Tribuna libre

San Fernando, la Armada y la construcción naval

El pasado día 24 tuve el honor de representar a nuestra ciudad en el acto de entrega de una lancha de desembarco que Navantia ha construido para la Armada. Los medios de comunicación informaron puntualmente de que se trataba de la última unidad de una serie de doce LCM-1E encargadas por la Armada a la compañía cumpliendo un programa que todos los implicados han calificado de éxito tanto en el proceso constructivo como en los plazos de entrega.

La satisfacción general era patente por la brillantez del acto en sí que presidió el Almirante de la Flota, Fernando Armada Vadillo, y por la formalización del acta de recepción por parte del Jefe del Apoyo de la Bahía de Cádiz, Vicealmirante Juan Serón, el Interventor de la Armada, General de Brigada Miguel Ángel Ruiz del Árbol, y el director del astillero isleño, Fernando Miguélez.

Pero además de la satisfacción por los objetivos cumplidos, como alcalde de San Fernando pude palpar y compartir otras sensaciones durante el desarrollo del acto como fue el orgullo latente en los trabajadores presentes, entre los que se encontraban algunos representantes sindicales y miembros del Comité de Empresa, ante los resultados de una tarea bien realizada.

La preparación y experiencia del equipo humano de nuestra factoría demostró una vez más por qué no debía ni debe perderse esta actividad industrial. Cuando Navantia entregaba la nueva lancha, se acababan de cumplir tres años desde que, en enero de 2005, la Comisaria Europea de Competencia, Nellie Kroes, comunicara al Gobierno que la UE daba vía libre al plan de viabilidad de los astilleros acordado entre la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) y los sindicatos. La entrega de esa lancha venía a simbolizar que no nos equivocamos los miles de ciudadanos y ciudadanas que hace tres años, aquel 17 de septiembre de 2004, manifestamos que Bazán no debía cerrarse. También sintetizaba por qué decíamos que Bazán "somos todos". Porque hemos compartido siglos de historia de una ciudad vinculada a la mar, a la construcción naval y a la Armada y porque estábamos convencidos de que había razones de todo tipo no solamente para mantener, sino también para reforzar e impulsar ese vínculo.

Cuando el pasado día 28 de septiembre de 2007 el Ayuntamiento de San Fernando hizo entrega de la bandera a la Escuela de Suboficiales bajo la presidencia de SAR Infanta Doña Cristina, tuve ocasión de constatar con los mandos militares, una vez más, el sentimiento especial que la ciudad tiene por "su" Armada. Y el pasado jueves pude comprobar de nuevo esa unión porque estoy seguro de que cuando la quilla de una embarcación de la Armada atraviesa las aguas de nuestra Bahía, las mismas aguas que inundan nuestras marismas y llenan los diques de la antigua Bazán, para poner rumbo a otros mares, una parte de cada uno de nosotros la acompaña.

Creo que la emoción contenida de la mayor parte de los sectores representados en aquel acto - militares, trabajadores, directivos, sindicalistas, periodistas, etc. - reflejaba que no estábamos asistiendo a una mera finalización de un contrato industrial.

Nuestra realidad actual es heredera en buena medida de la unión de esos tres vértices - la ciudad, la Armada y la construcción naval que representa Navantia. Es importante defender ese legado pero más importante aún es comprobar que podemos y debemos impulsar ese vínculo de cara al futuro. No hablo de nostalgia, que cada cual lleva en su corazón y en su mente, hablo de los retos que nos plantea el presente ante el futuro para que esa unión siga siendo fuente de generación de actividad económica y de empleo y otro aliciente en la formación para nuestros jóvenes.

Hemos recorrido ya un largo trecho y los hechos demuestran que la Armada, Navantia y San Fernando pueden seguir avanzando juntos con nuevos horizontes y afrontando con resolución los nuevos retos que nos plantea el siglo XXI.

Porque la Armada y la industria naval en San Fernando tienen y deben tener futuro. Un futuro común.

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