Desde mi cierro

San Elías

Y una vez más, mi cuaresmal lector, estoy con los santos. El de hoy, san Elías, el que no es profeta sino mártir. Y bendito sea. De esta Isla poco hay qué decir una vez más y, en época de elecciones, lo que se diga y maldiga tiene otro cariz. Aunque mi encorbatado y elegante amigo, porque lo luce y puede, Manolo Prado, se pasee por Andalucía mostrando sus buenas dotes oratorias al socaire de su capitán Álvarez, don Julián. Además de ese sorpresivo cartel donde el candidato Prado nos mira con pícara sonrisa entre blancos y verdes diciéndonos que "él va". No para promocionar y hablar de esta Isla, sino para sacar votos para él, para España, Andalucía y la Humanidad. Como debe ser. Y así nos luce el pelo.

Sin olvidarnos de la cuaresma isleña que da mucho de sí, como todo lo que en este pueblo huela a incienso, suene a banda o se prevea cortejo, pasacalles o cualquier cosa que pase por delante. O procesiones. Aunque esto último, con permiso del chico de las cejas y del talante enmascarado, si sigue de presidente, como me temo, o persevera en Andalucía el "manolismo" cortijero, me huelo que a éstas les queda poco. Qué será de mi Isla sin Semana Santa y sin un obispo que lo remedie. Y no se me escandalice mi lector, porque esto se ve venir. No somos ni agoreros ni fatalistas, pero el destino será ineludible si aún hay que aguantar otros cuatro años a los que están. Sin embargo, supongo que san Elías intercederá por ello, dando muestras de esa inmensa valentía que lo llevó a los altares.

Este dieciséis de febrero es, pues lo he leído, un día grande para los mártires y santos que murieron por la causa en la que más creían. Elías, Jeremías, Isaías, Samuel, Daniel... del siglo IV, fueron martirizados por prestar ayuda a los cristianos condenados a trabajos forzados en las minas de Capadocia. Así, el gobernador Firmiliano, se fue cargando uno por uno, hasta llegar a Julián, otro afamado mártir, que pasaba accidentalmente por aquellas minas y cometió el gran delito de acercarse a besar con veneración los cuerpos ensangrentados de aquellos santos.

Aunque, quiero aclarar a mi confiado lector que no soy en absoluto un experto en hagiografía, sino que, mientras en esta Isla haya poca cosa, y encontrándonos en cuaresma, qué mejor que hablar de estos venerables personajes, siempre con la imprescindible ayuda de internet, que da para mucho y, en este caso, sirve hasta para vestir un santo, y nunca mejor dicho.

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