La filosofía gaditana tiene muy mala prensa. Siempre se nos ha acusado de que nos gusta poco doblar el lomo… excepto en el caso de los dobladillos de melva de la Punta San Felipe y que nos lo tomamos todo a cachondeo o con mayonesa… como los dobladillos de melva.

Pero eso no es cierto. El ingenio también se aplica a los negocios y este es el caso de la propuesta de dos empresarios gaditanos, Carlos Rivas y Jesús Núñez que se han propuesto reabrir uno de esos bares de Cádiz que, no se sabe muy bien por qué, era de esos populares, que gozaban del cariño de la gente y que incluso salían en el Carnaval: El Río Saja, el de la Cuesta de las Calesas situado frente a La Audiencia.

Recuerdo los churros que ponían en el bar que eran de esos cucurruítos, que es la principal virtud que debe tener un churro… a los churros no les ponemos mayonesa, pero sí cachondeo.

Pues estos empresarios, que han triunfado ya fuera, quieren hacer algo en su tierra y abrir en las próximas semanas el Saja River, que se define como una venta "en la frontera" haciendo alusión a que para los gaditanos de pura cepa, como era el periodista Emilio López, este sitio casi era la primera venta de Cádiz porque estaba al final del casco antiguo y salir de ahí era como estar ya "en las afueras".

El Saja River estará ambientado como una película del oeste de los años 50 del siglo XX e incluso habrá un guiño carnavalesco para la famosa chirigota 'Los comboys dapejeta', aquella chirigota que triunfó en el año 1988 y que hicieron los hermanos Valdivia.

Cuando explican su proyecto Carlos Rivas y Jesús Núñez te da la impresión de que han cuidado hasta el último detalle. El sitio tendrá como argumento principal las hamburguesas, aunque con toques gaditanos, habrá también jereces e incluso servirán desayunos, lo que hizo especialmente famoso al Río Saja, donde algún condenado en la Audiencia alivió su pena con media de churros con un poquito de azúcar por lo alto.

Como puede verse el ingenio en Cádiz no sólo se aplica al Carnaval o a hacer chistes sobre el trabajo, también se aplica a los negocios, a las ideas nuevas y este proyecto demuestra que el buen humor, esa gotita de cachondeo que nos gusta ponerle a todo, no está reñido para nada con el trabajo y el trabajo en serio.

Aquí no sólo nos gustan los dobladillos, doblamos la espalda cuando hace falta, pero eso no significa que haya que poner cara de lechuga sin aliñá.

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