De poco un todo

Enrique García-Máiquez

Sacar la lengua (del Imperio)

 EN su artículo sobre los recortes de Artur Mas, que nunca afectan a las políticas de promoción del catalán, usaba José Aguilar, irónicamente, por supuesto, la expresión "lengua del Imperio". Me recordó mi estreno en Twitter, ay. Alguien pirateó mi cuenta y a mi nombre mandó publicidad de un método de adelgazar en inglés. Es un tema sensible, como saben: la sola mención de la dietética me escama de modo análogo (y por las mismas razones) que a Obélix. Así que me apresté a advertir a mis contactos que aquello era un virus y que yo no tenía nada que ver, ¡nada!, con esa cosa de un régimen. 

Pero ese día era hashtag #vivaEspaña y me pareció una buena ocasión para, a la vez que proclamaba mi inocencia, unirme a una causa tan necesitaba de cariño. Puse, pues, el #vivaEspaña y me marqué este mensaje: "Ese régimen no es mío: yo siempre como bocadillos de jamón ibérico y sólo escribo en la lengua del Imperio". Como broma no era rutilante, pero para los que habían recibido desde mi cuenta y con mi foto los dichosos anuncios dietéticos en inglés, tenía sentido. El problema es que al haberle puesto el hashtag lo vieron también (y eso yo no lo sabía) todos los que seguían el "Viva España", entre los que abundaban, con ese masoquismo que les caracteriza, muchos nacionalistas enfadados (valga la redundancia). 

De pronto, empezaron a llegarme cascadas de furibundos insultos. Y no había marcha atrás ni podía dar explicaciones, porque fíjense que llevo medio artículo para explicarlo aquí, y esto en Twitter no cabe. Aguanté como un hombre. Comprendiendo, eso sí, que mi frase era ininteligible para aquellos que no conocían el precedente del anuncio pirata o vírico. 

Eso lo entendía, pero no tanta saña. Qué rabia más rara les había arrebatado con lo de la lengua del Imperio… ¡Ni que se la hubiese sacado a ellos! Aunque sí, caí de golpe, claro que les había sacado, pobrecillos, la inmensa lengua del Imperio. Si el fundamento de sus naciones imaginarias es el idioma que se habla (con el otro) en su territorio, aplicando esa regla, realmente el español es la lengua de un imperio. Su propio criterio, fíjense, convierte a la nación que detestan y desprecian en una superpotencia. Es para que te lleven los diablos, verdaderamente. 

No digo yo que el idioma español implique la existencia de un Imperio ni genere derechos de autodeterminación, aunque signifique (y eso es lo que importa y lo que me gustaría celebrar por todo lo alto aquí, sea o no sea Vargas Llosa presidente del Cervantes) un vastísimo territorio cultural y humano: una gran patria literaria, que se salta las fronteras a la torera.

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