De poco un todo

Enrique García-Máiquez

La Roja y la Furia

QUÉ indignación que los idiotas violentos, valga la redundancia, nos roben un párrafo de este artículo celebrativo, pero no podemos olvidar a su última víctima, al gaditano apuñalado en Pamplona al grito de "Españoles de mierda" por llevar la camiseta de nuestra selección. Es asunto, más que de una columna de opinión, de la policía, del Código Penal y -por el máximo tiempo posible- de Instituciones Penitenciarias. Esperemos que el ministro Rubalcaba, diputado por Cádiz, nos dé pronto la buena noticia de la detención. Habrá que estar atentos.

Y es una pesadez malgastar otro párrafo explicando lo evidente a los invidentes peores (porque no quieren ver). Los nacionalistas andan muy moscas con los éxitos de la selección y con el entusiasmo común alrededor de España. Se han puesto a darle a la vuvuzela de que en el equipo hay muchos catalanes. ¡Naturalmente! ¿Qué esperaban? Cataluña es una parte esencial de España. La selección, como la soberanía, es nacional. No importa que no haya ningún jugador de dentro de las lindes de tu pueblo en particular para que sea el equipo de todos, y viceversa. La nación se construye sobre el hecho de que todos somos un pueblo (soberano). ¿Es fácil de entender, verdad? Pues ya ve usted: algunos son tan de pueblo que no hay manera.

Mucho más importante que el ruido, es la Roja y la Furia. Cuando a la selección de España empezaron a llamarla la Roja, muchos protestaron, maliciándose oscuras maniobras socialdemócratas. Yo recordé lo de Calvo Sotelo: "Antes roja que rota", y pensé que si la nueva nomenclatura servía para unir a los españoles, bienvenida. "Y antes Gualda que gualdada", han remachado los chinos, que se están hartando de vender banderas rojigualdas.

Lo de la Roja, más que desplazar el nombre de España como se temían los pesimistas y es misión imposible, venía a sustituir a la Furia, que era el sobrenombre telúrico de nuestro equipo, su seña de identidad trágica. Esa proscripción daba un poco de pena. Reconozco que ha cambiado mucho nuestra manera de jugar (de la furia a la finura) y la mentalidad con la que se afrontan los retos deportivos, y que había que reflejarlo de algún modo en el lenguaje, pero me parecía excesivo, innecesario y peligroso renunciar del todo a una tradición tan nuestra.

Por fortuna, el gol de Puyol, rebosando bravura y rabia, además de darnos el pase a la final de hoy, significó la reivindicación de la vieja 'Furia' en el momento álgido de la nueva 'Roja'. Sin contradecirla, complementándola. Para ser los mejores, -venía a testimoniar el tremendo testarazo- no podemos renunciar a nada, ni a lo antiguo, sobre lo que se cimienta lo nuevo, ni a lo nuevo, que enriquece lo antiguo. En la celebración del gol, recordé el lema de Eugenio d'Ors, otro catalán ejemplar: "Todo lo que no es tradición, es plagio". Así, con todo y con todos, es como vamos a ganar la copa del mundo.

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