Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Riesgos y bromas

LOS usuarios de los aeropuertos van a pagar en sus carnes los nuevos miedos de las autoridades tras el frustrado atentado de un nigeriano en un avión que se dirigía a Detroit, en Estados Unidos. La última moda contra los pasajeros son los escáneres corporales. Al turista todo se le requisa: zapatos, cinturones, objetos punzantes o líquidos de todas clases. Vamos a acabar como el hijo de Julio Iglesias, en el anuncio en el que se quita toda la ropa, menos su reloj. Era una broma sobre los detectores de metales utilizados para que no entren en los aviones terroristas con armamento convencional o químico.

Pero al terrorista le pasa como a los ciclistas que se dopan: que su tecnología va muy por delante de la pericia de los controladores. En resumen, estas medidas van a disuadir a los viajeros de coger un avión, pero no van a frenar los riesgos de atentados. ¿Qué hacer, si no? Como las autoridades no tienen la respuesta se ponen a dar palos de ciego, para disimular. Aunque el riesgo no es ninguna broma.

La última iniciativa ha sido poner a Yemen en la diana de sus preocupaciones. Allí recibió entrenamiento el nigeriano Abdulmutallab. Allí han cerrado sus embajadas Estados Unidos y el Reino Unido. Y allí la Embajada española, o sea la embajada del país que ocupa la presidencia de turno de la Unión Europea, está en máxima alerta. Sabemos, en carne propia, que estos riesgos no son hipotéticos: Al Qaeda secuestró hace mes y medio a tres ciudadanos españoles en Mauritania: Albert, que está herido, Alicia y Roque, a quienes se supone en territorio de Malí.

La línea que enlaza los países del Sahara, desde el Atlántico al mar Rojo, empieza en Mauritania y sigue en Malí, Níger, Chad y Sudán. Es el nuevo santuario de la organización terrorista, cuya fortaleza se agiganta en estados tan débiles. Al otro lado del mar Rojo, esta línea continuaría en Yemen precisamente. Estados Unidos y el Reino Unido van a crear una unidad especial antiterrorista para que opere en Yemen, en apoyo a un Gobierno sin recursos para enfrentarse a una organización criminal con profesionales tan avezados. Malo. Si se tensa la situación internacional, se complicará la liberación de los tres cooperantes españoles secuestrados en noviembre.

Mucho menos dramática, pero no menos injusta es la situación de Juantxo López Uralde, director de Greenpeace en España, detenido en Copenhague con otros tres compañeros, desde que el 17 de diciembre intentó colarse con una pancarta en una recepción oficial de la reina danesa a los dirigentes que participaban en la cumbre del clima. Una protesta jocosa. El jueves comparecen ante el juez estos ecologistas, que ya han tenido una condena por anticipado, al encerrarles durante las fiestas. Los políticos hablan, los líderes actúan. Eso decía la pancarta. Si se comparan los riesgos, esto sí que es una broma.

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