La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Refugiado en Waterloo

El presidente del `Parlament´ pensó en Junqueras y en sus ocho mil euros mensuales y suspendió la investidura

Hasta involuntaria y azarosamente resulta teatrero e histriónico. Asumida en privado su contundente derrota tras negarse ERC a la investidura telemática o delegada, Carles Puigdemont ha buscado vivienda para un largo exilio y la ha tenido que encontrar en Waterloo, allá donde Napoleón perdió su batalla principal contra el orden europeo establecido. Claro que lo de Napoleón fue drama histórico y lo suyo farsa castiza.

La semana ha sido muy dura para Puigdemont. Un salto adelante en su proceso de decadencia, agonía y muerte política. Aunque ya se veía venir, Puigdemont no acababa de creerse que el joven presidente del Parlament, Roger Torrent, fuera a plegarse a las exigencias del Tribunal Constitucional y suspender el pleno que debía investirle como presidente de la Generalitat en ausencia. ¡Si hasta le mandó su discurso de investidura a un diputado leal para que lo leyera en su nombre!

El caso es que Torrent se plegó. Sólo tuvo que recordar al compañero Prisionero de Estremera (Junqueras) por no acatar resoluciones del Constitucional y pensar en los ocho mil euros mensuales de sueldo que iba a perder si accedía a investir a un diputado que está a 1.300 kilómetros de Cataluña y no piensa volver porque no quiere ir a la cárcel: exactamente como Torrent. De modo que dio un mitin incendiario defendiendo que el único candidato legítimo a president es Puigdemont y que él no propondrá a ningún otro, pero obedeció al TC y retrasó el pleno parlamentario.

Supongo que lo hizo para ganar tiempo, a ver si mientras tanto convencen al Fantasma de Bruselas-Waterloo para que se aparte y dé paso a otro parlamentario de su grupo, que sería apoyado por todo el bloque independentista y, él sí, investido con todas las garantías legales. Porque Torrent sabe perfectamente que el Tribunal Constitucional no va a cambiar las medidas cautelares dictadas hace una semana (investidura presencial, previo permiso judicial) y que el recurso del Gobierno sobre el fondo de la cuestión, cuando se sustancie, será también admitido por el alto tribunal. Vamos, que las alegaciones de Puigdemont y del Parlament no servirán para nada.

También sabe Torrent que si Puigdemont impone su visión legitimista de esta crisis (o yo o nadie) y provoca nuevas elecciones en un par de meses, es posible que ya el Supremo haya dictado auto de procesamiento contra los golpistas y Puigdemont no pueda ser ni candidato a diputado.

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