Profetas sin futuro

Puigdemont, Junqueras y la CUP están consiguiendo lo que querían: una sensación de agravio, de invasión

Todo el mundo quiere saber lo que pasará el Cataluña a partir del 1-O, que es el próximo domingo. Nadie lo sabe con certeza. Sin embargo, la espiral de locura que abrieron Puigdemont, Junqueras y los de la CUP siguen adelante, por muchos guardias civiles y policías que impidan las votaciones. En lo político, no han dado ni medio paso atrás, desde que comenzó el procés. Significa que, a partir del lunes día 2, pueden caer en la tentación de declarar una independencia unilateral, que carecería de virtualidad internacional, pero sería muy apreciada por sus huestes, como sustento emocional. La otra opción, la más sensata, sería convocar elecciones autonómicas en Cataluña.

Suponemos que el referéndum será un fracaso. No obstante, para entender el alcance de los conflictos hay que verlos desde el otro lado de la cama. Puigdemont, Junqueras y la CUP están consiguiendo lo que querían: una sensación de agravio, de invasión, de ser sometidos por la fuerza. Ayudan los colegas de la CUP con sus protestas. Eso creará nuevas generaciones de independentistas, si desde el resto de España no se remedia. Rajoy ha intervenido demasiado tarde. Por otra parte, en la diplomacia internacional no tienen apoyos. Pero ya se han buscado corresponsales (¿de guerra?) para dar sensación de victimismo y de opresión en medios europeos.

En este desafío ilegal, que es más complejo de lo que parece, el PSOE se está jugando también su futuro, en España y en Cataluña. Después del amago plurinacional, Pedro Sánchez ha mostrado su mejor versión de estadista (sabe que puede quedarse sin Moncloa para siempre, al menor desliz), mientras que Miquel Iceta mantiene el tipo en Cataluña, sabiendo que haga lo que haga ya no tiene nada que hacer.

En Podemos se han quedado fuera del juego. Por ventajistas y ambiguos. Carecen de credibilidad para ayudar en una crisis. Sin embargo, Ada Colau está intentando pescar en el río revuelto de Cataluña, con el objetivo de ser la próxima presidenta de la Generalitat y presentarse como la salvadora de las dos patrias. Su demagogia es alucinante: ve mal el referéndum unilateral del 1-O, pero ve bien que se vote. Y el caso es que lo explica con sentimiento y ardor, para embaucar a los ilusos.

Los profetas no tienen futuro en Cataluña. Los signos son inescrutables, caóticos, distorsionados por políticos mesiánicos y por el peso agobiante de las mentiras difundidas. Nada de lo que se ha visto en los últimos tiempos invita al optimismo.

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