Pringaos

Ese es el final de toda corrupción: el delator justiciero después de haber sido pillado

Pobrecitos, son un unos pringaos. Julián Muñoz, Guerrero y Granados son unos pringaos. Si formas partes de una organización dedicada presuntamente al pillaje y la bandería y estás abajo, tienes todas las posibilidades de comerte el marrón si las cosas vienen mal dadas. Tienes que asumirlo. Bastaría con ver unas cuantas películas del ramo porque la realidad se parece mucho al buen cine.

Los de arriba no saben nada de las cosas feas que habéis hecho, traicionando su confianza. Sois unos horteras y unos pringaos. Fijaos en Bárcenas, se vistió como un gánster de verdad con su ropa hecha a medida y su porte inquietante, amenazó con cantar La Traviatta, llevó a su mujer a sincerarse con Raúl de Pozo y, al final, él es de los grandes porque, sabiendo mucho, sabe guardar y administrar su silencio. Delatar es cosa de pringaos y está muy mal visto, que lo sepáis. Sólo os querrá el Ministerio Fiscal dispuesto a rebajar la pena a cambio de vuestra despechada información. Migajas para arrepentidos y traidores.

Fuisteis fieles a vuestra organización, os enriquecisteis bien (como para asar una vaca) dejando ver vuestra parte más hortera y festiva de queridas, putas y fiestones; de coca y trago largo hasta el amanecer. Reconocedlo, incluso llegasteis a pensar que erais indispensable en la organización y que gracias a vosotros el mundo era próspero y los altos cargos vivían de aquella manera sin mancharse las manos.

Lo malo de estas cosas, cuando se descubren, es lo de siempre. Que unos quedan dentro, otros fuera y alguno ni se cosca por intocable. Unos se comen el marrón y otros son injustamente perseguidos sin mancharse la ropa, mártires impunes. Pues sí, asumidlo. De nada sirve que vengáis a contar lo que ya sabemos. De nada sirve explicar con detalles el origen de los dineros en los altillos de la casa del padre, o los sobres con iniciales, o las jubilaciones anticipadas de quien nunca trabajó. Por favor no ejerzáis de ofendidos que vosotros elegisteis el camino y los compañeros de viaje. Ese es el final de toda corrupción: el delator justiciero después de haber sido pillado. El converso abandonado por los suyos y perseguido por la justicia.

No preocuparos. En los ERES, en la Gürtel y en todos los casos de corrupción actuales, a quien se está juzgando es a la propia justicia y son los jueces los pringaos que están sentados en el banquillo de la opinión pública. Salga lo que salga, saldrán mal parados.

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