El alambique

Francisco / Lambea

Primeros signos

La sustitución de Pepa Conde por Julio Acale en la portavocía de Izquierda Unida es una de esas medidas enmarcadas en los movimientos que los partidos políticos empiezan a adoptar de cara a la convocatoria de elecciones municipales el próximo año.

En contraste con la figura de Ignacio García Rodríguez, quien capitaneara en sus tiempos una oposición feroz contra IP (el entonces teniente de alcalde de Urbanismo, Juan Carlos Rodríguez, solía decir que los réditos de esa labor los acababan atesorando los populares y hay quienes se lamentan de la marcha al parlamento autonómico del pertinaz edil, pues no son los pocos los frentes sobre los que ahora podría ensañarse), Izquierda Unida venía mostrando en las últimas fechas una actividad muy escasa, lo que trasladaba la preponderancia crítica a socialistas e independientes.

Recuperar el protagonismo de una Izquierda Unida lastrada por las obligaciones laborales de Pepa Conde (a la que hay que reconocer, también, pasados méritos) constituye el principal reto de Julio Acale, un político al que le sobra bagaje intelectual pero que necesita dejar atrás su consuetudinaria bonhomía para curtirse en el fragor del debate plenario y las exigencias de una sociedad cada vez más mediática.

Conscientes de que la hasta el momento discreta gestión de los populares abre hipotéticas posibilidades de gobierno para un tripartito formado por la izquierda y los independientes (pese a que Enrique Moresco cuenta con la ventaja de estar aliado con unos socios cuya ductilidad para sí quisieran otros muchos alcaldes y de disponer de un sustrato sociológico local inicialmente favorable al centro-derecha), la oposición comienza a acelerar sus estrategias frente a un ejecutivo obstinado en atrincherarse en un victimismo cuyo perjuicio le resulta directamente proporcional a su obstinada exhibición impúdica, un equipo de gobierno crecientemente acuciado, entre otros factores, por la necesidad de que los portuenses visualicen alguno de los grandes proyectos que, lejos de erigirse sobre los suelos de la ciudad, dormitan aún en el limbo de los oníricos diseños virtuales.

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