Efecto Moleskine

Ana Sofía Pérez Bustamante

Primavera de Túnez

LA arena del Sáhara es rosada y fina como el polvo. El desierto de dunas se llama erg. Hasta Ksar Ghilane hemos llegado 27 españoles, quince de los cuales son gente menuda. Es rara tanta natalidad entre nosotros. En el oasis, con la luna llena, vemos un Madrid-Barça (por qué será del Barça casi todo el Magreb). 

La pobreza degradada que hemos ido viendo desde Túnez hasta Tozeur se transforma aquí en primaria austeridad. Se acabaron los pueblos llenos de casas a medio hacer, sin enlucir, con las varillas metálicas de una futura segunda planta al aire. Se acabaron esas extrañas plantaciones de bolsas azules de plástico que llegan hasta los espejismos de los lagos de sal, más allá de la nada. Por qué parece que la basura sólo molesta a los turistas. Los palmerales son oasis ganados a pulso al desierto. Las palmeras se plantan de dos en dos: un macho, una hembra. La polinización se hace de modo artificial. Los plantíos se protegen de la arena con cercas de hoja de palma. Los dátiles más finos se llaman dedos de luz. 

Nuestro guía se esfuerza por no mostrar la irritación que le producen nuestros comentarios bienpensantes sobre la mujer, la democracia o el Islam. Qué poco sabemos de esta gente, tan parecida a lo que hemos sido hasta hace tan poco. Polvo, olivar infinito, esencia de jazmín. Ellos desconocen que la Goleta fue una vez española, pero recuerdan su raíz andalusí y a los moriscos expulsados en el siglo XVII. Ni siquiera está traducido al español en internet el poema de Abul Kacem Echebbi, La voluntad de vivir (1933), que ha revivido con la primavera árabe: "El universo vive: ama a la vida / y desprecia a los muertos / por grandes que hayan sido. / No hay sitio en el azul / para el pájaro muerto, / no hay polen que apetezcan las abejas / en las flores marchitas". Y el comienzo del poema: "Cuando un día un pueblo apuesta por vivir / forzado está el Destino a responderle, / forzada está la noche a amanecer, / forzadas las cadenas a romperse". 

En Sidi Bou Said se venden elaboradas jaulas de metal, pintadas de color blanco y celeste, que dicen que son para atrapar los malos espíritus. La lengua divina, en el Corán, es la lengua de los pájaros. Echebbi era un romántico. Ojalá no se le haya olvidado la lengua de los pájaros a Dios.

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