No todo el mundo tiene la sensibilidad de Ramoní, el Fontvella de Cádi, que le escribe 300 folios al agua... qué ganas tengo de leerme su tesis doctoral... hay rumores de que la va a publicar Quorum y hasta en ruso.

A mí, más que el agua, me gusta la morcilla de Olvera y cada vez que visito esta población de la Sierra de Cádiz me acuerdo de ella (la morcilla) y de lo bien que "panida" con un viena de pan recién sacao del horno, con su miga en estado almohada del Burrito Blanco y la corteza más crujiente que el bigote de un langostino de Sanlúcar.

De chico me hicieron leerme el Quijote... cuando a mí lo que verdaderamente me gustaba leerme eran las etiquetas de los embutidos. Ahí sí que hay literatura: magro de cerdo 35%, tocino (con o sin entreverar) 17%, manteca, sal, pimienta blanca... siempre ese final con los colorantes y conservantes... eso es lo malo de la literatura entreverá, la de las etiquetas de los embutidos, que siempre sabes el final... los colorantes y conservantes autorizados. A mí más que aquello de un lugar de La Mancha, me gusta más leer "ten cuidao que mancha". Si hay gente que presume de haberse leído el Quijote 20 veces, yo presumo de haberme leído la etiqueta de la morcilla achorizada de Montesierra 22 veces en una mañana.

Me gustaría que se convocara el premio Cervantes cada año a la mejor etiqueta de embutidos. Cuánto me gustaría leer el titular de que "La etiqueta de la butifarra de La Campera de Chiclana, publicación más leída del año en la categoría de poesía entreverá".

Sueño con ser algún día estrella de la poesía, ser recordado por mi primera obra: Quesito de cerdo en tarde nublá y escribir un libro de poesías sobre la morcilla de hígado de Olvera, un libro lleno de sentimiento y de manchas de manteca colorá... para ambientar a los lectores.

El mundo de la morcilla de hígado se divide en dos. Por un lado está la morcilla de hígado de Olvera, que es más mantecosa y tiene color como de túnica antigua de los penitentes del Nazareno y la morcilla de hígado de El Bosque donde prefieren curar más el embutido antes de sacarlo a la venta.

Confieso que soy más de la de la Olvera, pero porque siempre me ha gustado el lado mantecoso de la vida, el untamiento más que el cortamiento. La morcilla de hígado se puede acariciar con un cuchillo enfoscador y es como el foie, pero en versión Sierra de Cádiz, con menos pamplinas y más sustancia.

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