Su propio afán

enrique / garcía-máiquez

Pobre Sánchez

Pedro Sánchez es el eslabón más débil entre los constitucionalistas. El desafío nacionalista es tan grave que da reparo entrar a analizar sus repercusiones en la política partidista, pero la realidad es poliédrica y las elecciones generales del 20 de diciembre están a la vuelta de la esquina.

El envite está dando a Mariano Rajoy la oportunidad de asumir un liderazgo amplio, que no tenía. Si no lo hace mal, le irá bien. A Albert Rivera también le favorece lo suyo, pues él viene de la firmeza de siempre frente al nacionalismo y es el líder del principal partido de la oposición en Cataluña. Pablo Iglesias se queda en un segundo plano, para bien y para mal. Pedro Sánchez es, de los cuatro, el que se halla en una situación más comprometida. Lleva meses tratando de terciar, metiendo en cuña una vía federalista que nadie termina de entender -porque no la concreta- ni de querer -porque no satisface ni a unos ni a otros-. Situado en medio, Pedro Sánchez está en la típica posición de llevarse todas las tortas.

Tortas metafóricas o, mejor dicho, electorales. Porque encima el hombre no está respaldado por su partido. El PSC mantiene una ambigua posición en Cataluña, que le resta autoridad a pie de obra. Es lo contrario de Ciudadanos. Y por el otro extremo, tiene a Susana Díaz, a la que ha faltado tiempo para adoptar una postura inequívocamente institucional, de sentido de Estado. Ha dicho: "Yo apoyo al presidente", añadiendo que "tenemos que acudir conjuntamente al Tribunal Constitucional para revocar la resolución del parlament". Nada de terceras vías ni de posados de perfil: "Yo voy a estar defendiendo la unidad, al Gobierno, y al presidente en defensa de la ley y la Constitución". (Observen el uso intensivo del pronombre de la primera persona del singular, tan distintivo.)

Por si no estuviese clara la repercusión en clave interna socialista de estos mensajes (que no obsta para que la tengan, sobre todo, externa y de responsabilidad pública), Susana subraya, evitándonos el trabajo de leer entre líneas: "Siempre voy a arrimar el hombro y lo voy a defender dentro de mi partido". A poco que Rajoy preste atención y lo haga Albert Rivera (que lo tiene más fácil, con Juan Marín de correveidile), el pobre Sánchez puede quedarse muy solo en su tercera vía. Lo bueno es que su mejor salida es hacia delante y hacia la unidad, adonde señala Susana Díaz, adelantándola, si sabe verlo.

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