Su propio afán

enrique / garcía-máiquez

Pérez-Reverte y los leones

EL hombre que quemó una estelada en Barcelona en plena vorágine separatista es el que anteayer se metió en el foso de los leones del zoo. Aparte de que salió malherido y de que está fuera de peligro mortal, no tengo más datos del personaje, pero tiene un claro perfil quijotesco, que enternece. Ah, y que se llama Justo, justamente, y que iba vestido de militar, que sería el actual remedo exacto de los atavíos de Alonso Quijano para andar por La Mancha. Como el viaje a Barcelona y el episodio de la jaula de los leones sí estarán en el resumen que ha hecho Pérez-Reverte del Quijote, me he reconciliado algo con su intento. Puede que muchos jóvenes lo lean ahí y vean los paralelismos. Menos es nada.

Dando eso por bueno, no estoy por las modernizaciones. Una ventaja de nuestro idioma es su fijeza, tanto en el espacio como en el tiempo. Podemos entendernos con cualquier hispanoamericano sin problema y podemos leer obras de nuestro siglo XIII sin esfuerzos sobrehumanos. Las del XVII son ya casi transparentes. La comparación con el inglés es significativa: Shakespeare presenta muchas más dificultades para un lector medio que Cervantes y no digamos Chaucer comparado al infante don Juan Manuel. Las adaptaciones se entienden, por tanto, para los clásicos ingleses. Los nuestros se defienden sólo con una modernización ortográfica mínima y un buen sistema de notas breves, claras, cómodas e inteligentes. La edición del Quijote de Ángel Basanta en la Biblioteca Didáctica Anaya es ejemplar.

En el siglo XIX Charles Lamb y sus resúmenes de Shakespeare gozaron de gran predicamento. Entre lo que suprimió, aquella escena en la que Lady Macbeth se lava sin cesar unas manos que ella se ve manchadas de sangre. Se trata de un genial atisbo del mundo del subconsciente y de la culpa obsesiva. Pero al bueno de Lamb se le escapó.

Pérez-Reverte ha expurgado de un plumazo las historias intercaladas en el Quijote, aunque lectores tan perspicaces como René Girard y Cesáreo Bandera explican que la clave del Quijote está en ellas. Y, además, ¿qué más coherente que uno que perdió la cabeza leyendo historias pierda el hilo con unas historias? No cataremos nosotros la versión abreviada de Pérez-Reverte. Pero nos ha permitido hablar aquí hoy del Quijote y del buen hombre del zoo de Barcelona, y se lo agradecemos. Y le vemos también a él un poco como otro que se ha metido en la jaula de los leones.

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