Con la venia

Fernando / Santiago

Manca finezza

La política gaditana se ha puesto de un sutil que asusta. Tanta delicadeza, tanta ironía, tanto savoir faire que ya no se sabe si estamos en Londres, en Estocolmo o en Cádiz. No salgo de mi asombro con tanta cortesía, tantos sobreentendidos, tanta suavidad y tanta educación. Debe ser que yo soy más bilardista que menottista, si se me permite el símil futbolístico. Así que cuando leo y oigo con la ternura con la que se expresan nuestros representantes y los dirigentes de eso que llaman la sociedad civil no doy crédito. ¿Esta no era la ciudad de los impulsos, de las denuncias, de las reprobaciones a los líderes de la oposición? ¿no era la ciudad que inventó los requerimientos notariales para intimidar a los periodistas, los folletos calumniosos de campaña electoral y el juego sucio? Viene la Vicepresidenta y todo son parabienes. No lo entiendo. O la Vicepresidenta no ha dicho nada o los que la oían no han entendido. Porque vamos a ver ¿alguien sabe lo que se va a hacer en el Castillo de San Sebastián? Se sabe, más o menos, quién lo va a pagar. Pero nadie conoce lo que se va a hacer ni cuando. Pero llegó la Vice y el mundo se tornó hermoso. Ya saben que Andreotti dijo de la política española que "manca finezza". Llegó la sutileza pedida por el político italiano.

Lo que ha colmado el vaso del almíbar es el debate de la Aduana. Qué de buenismo por todos lados. Qué cantidad de gente competente. Qué manera de guardar las normas. Para empezar, nadie se hace responsable del proyecto, y eso que lo ha hecho el Ayuntamiento, ha sido aprobado por la Junta y afecta a dependencias del Gobierno. Ha sido sometido a información pública varias veces sin que nadie haya chistado. Así no hay con quien pelear. Los promotores de la campaña contra el derribo no quieren meterse con el PP, al frente de la administración que ha hecho el proyecto. Tan sólo culpan al arquitecto que ha recibido el encargo. Y ya se sabe que no es lo mismo pelear con el Ayuntamiento que con un profesional que vive lejos. Ni el Ayuntamiento defiende su proyecto ni los que lo rechazan critican al Ayuntamiento. Encima la oposición municipal se pone de perfil. Así no hay manera de debatir pero debe ser la modernidad. O a lo mejor es que los que critican el derribo son del mismo partido que el Ayuntamiento que lo promovió.

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