Madrugada en El Pópulo

Al viejo barrio de los romanos sólo le quedará Medinaceli en esta madrugada de nostalgias y pérdidas

Parece que fue ayer, pero van pasando los años. Hubo un tiempo en que la madrugada del Viernes Santo se vivía plenamente en El Pópulo. A medianoche, salía la cruz de guía de Sanidad, con los negros penitentes que acompañaban al Señor de la Salud y la Virgen del Mayor Dolor. A oscuras, sólo con tímidos reflejos de la luna. Era el principio de una noche mágica. El silencio apenas roto por los rumores lejanos del cortejo del Nazareno. En las calles del Cádiz más antiguo se iban a vivir más de 10 horas inolvidables.

A las dos de la madrugada salía la cofradía de Medinaceli. En aquellos años, con un largo cortejo de penitentes, pero sobre todo con una infinita penitencia detrás. Señor Cautivo, que se perdía por la plaza de Fray Félix abajo, en su paso de plata, en busca del Arco de la Rosa, seguido por cientos de devotos. Medinaceli bajo el Arco era otro momento inolvidable de la Madrugada de Cádiz. Con el tiempo, se incorporó la Virgen de la Trinidad, como si Ella fuera una devota más, a la que acompañaba San Juan.

A las tres de la madrugada salía el Perdón. A diferencia de Sanidad y de Medinaceli, no iba en busca del barrio, que recorrería después, cuando volviera, ya con las luces del día. El Cristo del Perdón iba a encontrarse de cara con la luna llena, que rielaba mareas oscuras en el Campo del Sur. Brazos abiertos en la cruz, con el mar más enigmático de Cádiz al fondo. Años después, el Cristo cambió, el paso de misterio cambió, la Virgen cambió, el paso de palio cambió... Hubo tantos cambios que hicieron una cofradía nueva, y era la misma, pero mejor.

Antes del amanecer, ya estaba regresando Sanidad por las calles oscuras del barrio. Sólo el golpe seco de las horquillas se oía cuando subía la cuesta hacia la Catedral Vieja. Apenas una hora después, en la transición del nuevo día, regresaba Medinaceli. Y, ya en la mañana dorada del Viernes Santo, con el sol iluminando, se recogía el Perdón. Siempre abarrotaba la plaza, porque era una de las recogidas más populares.

Esto se ha perdido. Aunque peor es perder la educación y la vergüenza, con pintadas intolerables y las justificaciones de presuntos kofrades que ensucian la Semana Santa gaditana. Hoy, al viejo barrio de los romanos, sólo le quedará Medinaceli en esta madrugada de nostalgias y pérdidas, donde la huida del tiempo se sentirá con más tristeza. Cualquier tiempo pasado no fue mejor. Sin embargo, este presente no se ha sabido vivir, y se ha permitido que sea peor. Jesús de Medinaceli es hoy el último superviviente de aquellas madrugadas en el Pópulo.

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