La ciudad y los días

Carlos Colón

Liturgia rociera

NADA vertebra Andalucía como el Rocío. El poder de atracción de esta Virgen nunca del todo descubierta hasta el fondo de la transparente hondura de su mirada baja y su sonrisa; el poder de irradiación de esta devoción que, como círculos en las aguas quietas de la marisma, se fue extendiendo desde Almonte, Villamanrique, Pilas, La Palma, Moguer, Sanlúcar de Barrameda y Triana hasta traspasar los límites de Huelva, Cádiz y Sevilla, alcanzando todas las provincias andaluzas y desbordarlas; el poder de seducción de esta fiesta radial que nace de la devoción personal de miles de devotos, crece y se sostiene en los cultos de cientos de hermandades, se despliega a lo largo de los caminos peregrinos y converge en la explosión de gozo de la aldea del Rocío uniendo, como ninguna otra fiesta lo hace, lo personal y lo colectivo, lo íntimo y lo exterior, lo sagrado y lo profano, lo cerrado de las capillas y lo abierto de los campos, el olor del incienso y el de las candelas, los pinos, los eucaliptos, la jara y el romero, el estruendo de los cohetes y el silencio de los campos en las noches de fogatas. Todo ello le da al Rocío, fiesta mayor y devoción más compartida de Andalucía, una capacidad de vertebración mayor que la que ninguna estructura política y vía o medio de comunicación tengan.

Nada podrá erradicarlo o sofocarlo por mucho que su increíble crecimiento y la simplificación mediática lo distorsionen; o que los elitistas prejuicios que aborrecen por igual lo popular y lo religioso lo desprecien. Como la liturgia ortodoxa revivió en Rusia tras ser perseguida durante tantos años, porque no se puede erradicar lo construido a lo largo de un milenio, porque no se puede extirpar esa forma musical del alma eslava que se manifiesta en los tesoros de la música litúrgica ortodoxa, porque desde Tchaikovski o Rachmaninof hasta Arvo Pärt nada ha podido sofocar la tradición musical litúrgica que ha seducido a los mejores compositores rusos, así vive y vivirá siempre la honda, alegre y vital liturgia rociera.

Nada es capaz de erradicar o sofocar lo que ha nacido de la tierra como cultura, ha crecido en el corazón como intuición de lo sagrado, ha madurado en los siglos como memoria de emoción, identidad y arraigo, y por ello ha impregnado las artes y las costumbres dando razones para crear y para vivir. Con todos los cambios que los tiempos exijan, ilimitada vida tiene esta fiesta que desde hoy hasta el lunes hace converger toda Andalucía en la aldea del Rocío, en torno a esa ermita que en el Libro de la Montería de Alfonso XI se llamaba Sancta María de las Roçinas.

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