Si se me ocurre escribir la obviedad de que Franco fue un dictador, la mayoría (espero) estará de acuerdo. Si añado que fue sanguinario empezarán algunas malas caras y las opiniones de que tampoco era necesario hacer sangre. Si expreso con mal gusto lo que podría pensar, es decir, que habría sido mejor para el país que él y muchos de los que le acompañaron en su odiosa aventura no hubieran nacido, o hubieran muerto (o alguien los hubiera hecho morir) jóvenes, es muy posible que me cayera una querella por delito de odio por parte de alguno de sus familiares o herederos de lo que robó a España (tampoco sé si se puede escribir esto sin recibir otro pleito por la subvencionada Fundación que lleva el nombre del dictador). Como mínimo, me recriminarían mi deseo de reabrir heridas a destiempo. Si en cambio escribiera todo esto haciendo referencia a Hitler, Mussolini o Stalin, no pasaría nada. Por eso no escribo de esas cosas.

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