Crónica personal

Pilar Cernuda

Legutiano

ME niego a buscar las posibles razones que puedan explicar el atentado de ETA en Legutiano que ha costado la vida a un joven guardia civil, Juan Manuel Piñuel, ha dejado huérfano a un niño de corta edad y viuda a una mujer que miraba esperanzada hacia el futuro.

Me niego a vincular el atentado con el hecho de que la semana que viene el presidente del Gobierno va a mantener una importante reunión en Moncloa con el lehendakari Ibarretxe. ETA, para desgracia de todos, mata cuando quiere y a quien quiere, lo que pasa en España le trae al fresco, aunque es evidente que en varias ocasiones ha tratado de hacerse notar en los grandes acontecimientos políticos y nos ha amargado las celebraciones.

Me niego a buscar una línea argumental entre el atentado a la casa cuartel y el hecho de que el lehendakari siga empeñado en celebrar un referéndum el próximo otoño que el Gobierno y el principal partido de la oposición rechazan de plano.

Me niego a analizar las negociaciones del Gobierno con ETA buscando posibles hilos de comunicación entre el pésimo resultado de esas negociaciones y la situación de fortalecimiento o debilidad en que se encuentra la banda terrorista. La experiencia demuestra que ese grado de fortalecimiento o debilidad depende só-lo y exclusivamente de la eficacia policial y del acoso judicial y económico.

Me niego a especular respecto a la nueva dirección de ETA y su necesidad de hacerse valer como nueva dirección preparando atentados como el que acabamos de sufrir.

Me niego a encontrar una relación causa-efecto entre el atentado que ha costado la vida a Juan Manuel y la presentación de mociones de censura en los ayuntamientos en los que manda ANV. Esta formación política, que jamás ha debido sentarse en esos ayuntamientos, injusticia de la que algún día deberá rendir cuentas Zapatero, financia y apoya a los terroristas, pero los terroristas no actúan en función de lo que conviene a ANV, sino de lo que les pide el cuerpo en cada momento. No veamos a los etarras como sibilinos cerebros políticos, sino como lo que son: bestias.

Me niego a hurgar en lo que se hizo bien y lo que se hizo mal, en considerar un atentado como consecuencia de un error o de sucesivos errores cometidos por dirigentes políticos. Los que han asesinado en Legutiano son los terroristas, sólo ellos son los culpables, sólo a ellos se les puede hacer responsables de la brutalidad.

Me niego a especular sobre lo que ETA pretendía con este nuevo atentado mortal, porque está perfectamente claro su objetivo, es el mismo de siempre: matar. Causar una desgracia, atemorizar, angustiar, aterrorizar.

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