EL ALAMBIQUE

Alejandro / Barragán

Juventud manifestante

LOS jóvenes de El Puerto tienen la manía de movilizarse, todos a una, para exigir mejoras en su calidad de vida. Tienen la fea costumbre de manifestarse en el parque Calderón o en el paseo José Luis Tejada las noches del fin de semana, bajo el relente del Guadalete. Siempre arreglados y maquillados, pertrechados, por si se eterniza la concentración, con hielo, vasos y refrescos. Gritan y bailan para que sus reclamaciones lleguen más lejos, a más oídos. Afortunadamente, siempre están vigilados por las fuerzas del orden, atentos a evitar cualquier intento de delito sobre la salud pública, porque se sabe que los jóvenes son peligrosos. Éstos, en cambio, están cansados de que se les acuse de las mayores atrocidades que se cometen en la sociedad portuense: llenar los suelos de las plazoletas y soportales con cáscaras de pipas, mostrar actitudes libidinosas a plena luz del día en cualquier esquina, romper los aparatos de ejercicios de los paseos marítimos, pintar las paredes con jeroglíficos horrorosos o reordenar el mobiliario urbano de los parques para que los bancos estén uno frente al otro.

Muchos adultos, según me comentaban hace unos días, están convencidos de que los jóvenes de El Puerto son unos perezosos e irresponsables. Que no son capaces de manifestarse para reclamar lo que es suyo. Y que sólo se entretienen cuando tienen los ojos fijos en una pantalla. Pero no es así. Las concentraciones en el parque Calderón o en la Puntilla son una realidad. Por eso, dicen ellos, las autoridades quieren eliminarlas poco a poco, de tapadillo, como han hecho en otras ciudades. No se puede permitir que la juventud portuense reclame demasiado. No vaya a ser que de repente tengan que inaugurar, todo a la vez, el campo de fútbol de césped artificial de El Juncal, la nueva piscina, el nuevo polideportivo, la Casa de la Juventud, la Casa de la Música, la pista de patinaje, y luego, todo se quede vacío, porque prefieren pasar el tiempo estudiando y buscando trabajo.

Menos mal que el gremio de los adultos está ahí para defenderles y ayudarles, para oírles y para dejarles que aporten ideas. Que está ahí para enseñarles, con el ejemplo, que saltarse la ley y cometer injusticias está feo.

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