Editorial

Ibarretxe en su laberinto

LA novena entrevista institucional entre el presidente del Gobierno español y el lehendakari vasco terminó ayer constatando un profundo desencuentro entre los interlocutores. No podía ser de otra forma. Después de ver rechazado su plan soberanista por el Congreso de los Diputados y sufrir retrocesos notables de su partido en las elecciones municipales y generales, Ibarretxe ha ideado una alambicada operación cuyo objetivo no es otro que el llamado derecho a decidir de los vascos, pasando por encima de la Constitución y el Estatuto de Gernika. En estas condiciones, la respuesta de Zapatero no podía ser sino la que ha sido: el rechazo más absoluto. Con los mismos argumentos que justificaron en su día el voto negativo del Congreso; es decir, la defensa de la legalidad democrática. Ibarretxe, cuyo plan inicial sólo superó el paso por el Parlamento vasco gracias al voto prestado por los cómplices del terrorismo, insiste en propugnar un proyecto que divide profundamente a los ciudadanos vascos y no respeta los procedimientos establecidos para cambiar las normas vigentes. Con esta pertinacia, el lehendakari se ha metido en un auténtico laberinto, del que su propio partido empieza a estar harto. Su significado real consiste en una huida hacia adelante que elude el problema fundamental del País Vasco: la existencia de una organización terrorista que priva de libertad a muchos ciudadanos, mata y extorsiona. Ése es el verdadero conflicto vasco, a cuya resolución definitiva deberían dedicarse las principales energías conjuntas de los dos gobiernos. Josu Jon Imaz, el anterior presidente del PNV, lo comprendió bien al establecer que la prioridad política en su tierra es erradicar el terrorismo, y a ella deberían subordinarse todos los planteamientos de los partidos en liza. Desoyendo esta serena reflexión, Juan José Ibarretxe no puede obtener otra cosa que el rechazo de Zapatero, el enquistamiento de la política vasca, la división de los ciudadanos y la persistencia de una banda que encuentra en este desencuentro las razones aparentes para autolegitimarse y perdurar.

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