José De Mier Guerra

La Huerta

Hasta los años sesenta, en Chiclana, existían una gran cantidad de huertas, estaban situadas junto a la ciudad, en las partes mas bajas limitando con la marisma y el río Iro. Debían su existencia al ser zonas muy ricas en "agua dulce". Hoy han sido devoradas por la ciudad, debido a las expansiones de los años cincuenta y sesenta.

Todavía perduran el nombre de muchas de ellas, en zonas delimitadas o barriadas que se asientan sobre aquellos frondosos vergeles, nombres como la Huerta de las Bolas, Alta, de O'Farrell, de la Plata, de las Monjas, de las Fresas, de los Butrones, de Lacave, la mayoría figuran en el callejero oficial o popular de Chiclana.

Durante los siglos XVIII y XIX, muchas de las familias acaudaladas de Cádiz pasaban grandes temporadas en Chiclana, a donde venían buscando el descanso, agua en cantidad, la leche, la fruta y la verdura por eso se hicieron grandes casas en las huertas o cercanas a ellas. Frasquita Larrea, madre de Fernán Caballero, solía venir en muchas ocasiones. En su casa, con huerta, estaba cuando Chiclana fue ocupada por los franceses.

El pozo era la pieza fundamental del oasis, sin él era imposible cultivar nada. Debido a que no se tuvo "agua corriente" en la población hasta 1965, de esos pozos de las huertas se suministraba "agua para beber" a muchas familias, el transporte se hacía con cántaros e incluso desde la Huerta de las Monjas (donde hoy se encuentra el restaurante Manguita) existió una conducción de agua potable hasta el convento de las madres Agustinas en la Alameda de Lora.

La noria de cangilones, movida por un burro o por un buey, era la que continuamente iba sacando el agua hacia la alberca y el pilón. Este conjunto estaba en la parte más alta de la finca, ya que a toda ella, hasta la zona mas baja, debía de llegar el efluente por gravedad. Junto a la alberca solía estar la casa del hortelano y junto a ésta algún cobertizo donde se guardaban los aperos de labranza. También debería estar cercana la "estancia", donde se cuidaban las vacas y las bestias de carga, normalmente burros y mulos.

Al rebufo de la humedad de la noria y de la alberca, se solían plantar árboles de gran porte que además de crear un paisaje agradable y bucólico al conjunto de edificaciones de la huerta, aportaban una gran sombra necesaria en muchas tardes de verano.

El riego se hacía "a pie", es decir, por inundación, mediante acequias que se hacían de tierras y canalizaban el agua a los "canteros", donde se sembraban las cebollas, lechugas, tomates, berenjenas y demás productos hortícolas. Al atardecer se recolectaban las diferentes plantas, "preparar la berza" se llamaba, iban lavándose en el pilón (junto a la alberca) y arreglándose cuidadosamente en manojos atados con toniza y, poco a poco, casi de noche, organizar la carga en mulos o carros, que debían de estar, en los mercados de Chiclana, San Fernando o Cádiz en las primeras horas del día siguiente para la subasta.

Durante muchos años se abastecía tanto Cádiz como San Fernando de las verduras de Chiclana, con mucho esfuerzo de los hortelanos chiclaneros que tenían fama de muy trabajadores y de ofrecer una verdura de mucha calidad.

El trabajo del hortelano era un trabajo continuo y durísimo, mucho más que el del viticultor, cuando no estaba labrando o quitando las malas hierbas con el "amocafre", tenía que regar, sembrar, o cuidar de las vacas y siempre pendiente de la noria, así durante todo el día y todos los días del año.

El "hombre de campo" de Chiclana siempre prefirió ser viñero, a tener que convertirse en hortelano.

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