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José Pettenghi Lachambre

Grandes calamidades (2). Pasar la ITV

ENTRE las grandes calamidades de la vida moderna se encuentra pasar la ITV del coche. Es una de las peores. Y empieza, como todas las calamidades, de una forma apacible: un día recibes una amistosa carta del director general de industria, energía y minas en la que te invita a que tu coche pase la ITV. Cuando compruebas que lo de las minas es para despistar, decides darle gusto a ese señor tan amable. Así que esa misma tarde llevas el coche a la ITV y te das con un cartel que dice "Cerrado por la tarde". Al siguiente día pides permiso a tu jefa para ir en horario de trabajo. Ella te mira de arriba abajo, y te da permiso con cara de dolerle las muelas. Total que te vas del curro un rato antes de terminar y cuando llegas a la ITV te enteras que "es por números" y ya han dado todos. Francamente mosqueado -y tu jefa más- vuelves al día siguiente. Temprano, a las ocho, y por fin coges número: el 237. Para la una o una y media. Los coches deben ponerse en fila por orden de números, así que no puedes irte y volver. Pero te vas.

Tres intentos, tres fracasos. La ITV comienza a afectarte psicológicamente. Aún más cuando el típico cuñado enterado te dice:

-"Pues yo voy a Carcabuey a pasarla".

-"¡Pero eso es de Córdoba!" protestas tú débilmente.

-"Pero es llegar y pegar" alega triunfante el cuñado enterado.

O la ITV o yo, te dices y al día siguiente (lo de día es un decir ya que aún es de noche cerrada) llegas allí y ves unas sombras: unos 15 o 20 sujetos somnolientos y ateridos te informan entre bostezos que a las 7,30 comienzan a dar los números. Un escalofrío de emoción recorre tu espalda. En efecto, al alba aparece un tipo al que empiezan a perseguir los de la cola: ¡El de los números! Pero ¿cómo sabían los de la cola que ese era el de los números? ¿Por qué parecen saberlo todo sobre la ITV y de la madre que la parió? Ah, porque son unos jubilatas que se buscan la vida y por el módico precio de 20 euros recogen tu coche y te pasan la ITV. Pero no creas, hay mucha competencia y ya hay quien se anuncia en internet o en prensa. Mientras esperas se hacen amistades. El infortunio y la ITV unen mucho. Al fin ¡el 43! ¡te toca a ti! Entras victorioso en el taller. Allí le miran las cosas a tu pobre coche, lo zarandean y después un operario te dice en tono doctoral "Debe cambiar el trompo del compensador del empalme de la trócola" Él se queda tan pancho y tú debes volver otro día.

Y entiendes por qué en Cádiz hay una sola ITV y en cambio tres tanatorios.

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