de poco un todo

Enrique García-Máiquez /

Franco, 'in memoriam'

DE estas elecciones no se dice que son "la fiesta de la democracia". No hay mucho suspense y la crisis aprieta. Se pasa por alto, sin embargo, un detalle clave. ¿Recuerdan la polémica que originó la elección de este día? Pareció muy retrasado para ser casual. ¿Hacía coincidir Zapatero las elecciones con la fecha más simbólica del franquismo para reavivar temores hacia el PP o para aguar, al menos, la celebración de su victoria tiñéndola de preconstitucionalismo? Si fue así, también esto le ha salido fatal.

Y muy bien a nuestra democracia. Llevamos meses hablando del 20-N sin dar ya ese respingo sobresaltado del principio: no quedan sombras, ecos, connotaciones, figuraciones, reflejos o tics. Parece nada, pero tiene una importancia capital porque una de las grandes anomalías del subconsciente colectivo de España han sido los complejos alrededor de la figura de Franco: de inferioridad en la derecha, de superioridad en la izquierda, de Edipo en los señores de progreso con padres franquistas, de culpabilidad en el patriotismo, de alergia a la autoridad y de manía persecutoria en nuestra historiografía y cultura. Hace poco un grupo de profesores nos pasmábamos por la recurrente fijación que nuestros alumnos siguen teniendo con el anterior Jefe de Estado, cuando ni ellos lo conocieron ni la mayoría de sus padres. A menudo se les escapa en clase: "Con Franco había trabajo", "No había drogas", "Ni delincuencia", "Había más respeto"… Es muy discutible, sí, sí, pero lo dicen.

El CIS tendría que hacer una investigación seria sobre la pervivencia y la ambivalencia del mito de Franco en España. Los resultados nos asombrarían. Por supuesto, el franquismo tiene para el público muchos puntos muy oscuros, pero ¿no resulta inexplicable -después de todo lo que ha llovido- la fascinación que ejerce (véase el cine español o la novela) y esos inexpugnables reductos de valoración positiva, latente, pero que salen a la luz a poco que se rasque? O sin rascar: entra uno en un bar de pueblo y se topa con un póster del general con un letrero malsonante que reza: "¡Españoles, joderos: conmigo podíais fumar!"

Es la respuesta popular a la obsesión de sus líderes, en la que Zapatero ha batido todos los récords. La gente en general, pero los niños y los adolescentes especialmente, tienen una capacidad muy viva para percibir los puntos de energía tácita del mundo de los mayores, alrededor de los cuales se orbita y contra los que, cíclicamente, se colisiona. Este 20-N va a ser una fiesta de la democracia porque la fecha ha perdido todo su magnetismo franquista. Franco pasa por fin a ser un personaje de la Historia, al que juzgar objetivamente. Hoy debería iniciarse una segunda transición, forzada por la crisis económica, por la insostenibilidad del sistema autonómico y por el desgaste retórico de la primera. Si la empezamos sin complejos, será un buen comienzo.

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