Flatulencias en prisión

Las flatulencias de Josep Rull son, más que nada, una prueba de que el 'procés' pierde fuelle

Que Rull haya salido de la cárcel quejándose de que las hamburguesas producían flatulencias no lo podemos dejar de comentar. Retrata al personaje, al independentismo y a las cárceles españolas. Todo eco es poco.

Por honradez intelectual, comenzaré confesando mis prejuicios. Siempre me quejo de los que se quejan. Resultan insufribles los que no saben sufrir un poco. Eso para empezar y en general, y no se quejen de mi incoherencia, que ya me entienden.

En particular, me irritan todavía más los que se quejan de la comida. ¿No les recordaban en sus casas a quienes pasaban hambre? ¿No piensan en los sacrificios y el trabajo de tantos que hay detrás de una hamburguesa, empezando por la propia vaca, que se merece un respeto?

El caso del exconseller me resulta más indignante aún, porque esas hamburguesas que no fueron de su agrado o del de su digestión las pagaba la casa, esto es, el Estado, o sea, usted y yo. Me he visto forzado por el Estado de Derecho a tener a la sopa boba a medio gobierno sedicioso de Cataluña, qué le vamos a hacer. Pero ¡qué encima nos protesten del menú…!

Es un prejuicio muy arraigado, exacerbado en estos años de educación de mis hijos en los que apenas si digo otra cosa en las comidas que "No se dice 'No me gusta'" y "Hay que probar de todo". Tan arraigado, que no me deja alegrarme como correspondería racionalmente por las declaraciones del señor Rull.

Bien pensadas, dejan en evidencia que el umbral de abnegación lo tiene el nacionalismo catalán por los suelos. Si la queja es por las flatulencias que provoca la comida, no sé, no sé qué sacrificios estarían dispuestos a aceptar, ¿que el café con leche esté frío? Tampoco resalta la inteligencia táctica de los independentistas, que, con esa queja, se quedan sin argumentos para clamar contra la inhumanidad del Estado español ni contra sus cárceles. Con las prisiones que hay por el mundo y el trato a los presos que en ellas se dan, ¡vayan ustedes a quejarse de nuestras hamburguesas a la prensa internacional!

Las flatulencias son, más que nada, una prueba de que el procés pierde fuelle. En sus momentos de mayor efervescencia, yo habría dado la bienvenida a una declaración tan torpe y tan ridícula. Ahora el nacionalismo tiene tan poco aire que vuelvo a dejarme llevar por mis viejos prejuicios de siempre y me quejo de las quejas y me da rabia que alguien proteste de la comida, aunque sea Rull y en Estremera.

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