Columna de humo

José Manuel / Benítez Ariza

Falar portugués

El presidente de la comunidad autónoma andaluza ha estado en Portugal y ha anunciado allí su propósito de implantar el estudio de la lengua lusa en todos los colegios andaluces en los próximos cinco años. Es, que yo sepa, la primera medida en que se concreta el impulso que este político dice querer dar a la educación. Y se adopta, dice, porque el portugués se habla "en cuatro continentes" y su conocimiento abriría, por tanto, un gran campo a la economía andaluza. No me atrevo a poner en duda tan excelentes propósitos. Y menos, cuando se refieren a una lengua que aprecio y a un país que conserva mucho aún de lo que España ha perdido en nombre de una malentendida modernización. Menos entiendo que se pretenda justificar esta medida con razones pretendidamente utilitarias. Porque, aparte del gigante brasileño (en el que, por cierto, el español gana terreno a gran velocidad) y del propio Portugal, no sabe uno en dónde están esas otras oportunidades de negocio. ¿En Angola, Mozambique, Timor Oriental? Más difícil me parece lograr el encaje de otro idioma en el ya demasiado recargado currículo educativo andaluz; y hacerlo sin que resulten perjudicadas las otras dos grandes lenguas de comercio y cultura que en él se imparten, el inglés y el francés, o sin que esto implique la renuncia sine die a que en nuestras escuelas se aprendan otras lenguas muy importantes para nuestro turismo y comercio, tales como el alemán, el italiano o, por qué no, el chino, cuya creciente relevancia mundial nadie niega.

Ya se verá en qué queda esta promesa, que a mí me recuerda otro anuncio similar hecho por otra presidenta autonómica, Esperanza Aguirre, a propósito del catalán… Los políticos españoles, en general, no saben qué hacer con la rica variedad lingüística de la península. A lo más, la utilizan como arma arrojadiza. El portugués, a todos los efectos, es una lengua peninsular más, y como las otras lenguas romances peninsulares, en ella destacan más sus similitudes con el castellano que sus diferencias. A ningún político, que yo sepa, le ha dado por destacar esta evidencia: que cualquier castellanohablante de cultura media puede leer -y, con un poco de práctica, incluso entender de oído- las otras lenguas romances peninsulares; y que basta un pequeño esfuerzo autodidacta para conocer los rasgos distintivos de éstas. Puestos a inventar asignaturas, se me ocurre que podría existir una que se basara en esta realidad, y que familiarizara el oído de los escolares peninsulares con las muy reconocibles sonoridades de las lenguas hermanas. Una asignatura en la que se constatara en la práctica que los titulares del lisboeta Diário de Notícias, por ejemplo, o unos versos de Fernando Pessoa resultan casi transparentes a un hispanohablante. Y que todo lo demás que nos separa lo han inventado los políticos.

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