Droga en Santa María

Regresar a la degradación y a la delincuencia en las calles sería como tirar a la basura 40 años de esfuerzos

La regeneración de un barrio no pasa solamente por acabar con la infravivienda. Hace falta mejorar las condiciones de vida de sus vecinos y erradicar la delincuencia allá donde exista. En la pobreza y en la marginación de muchos barrios andaluces y gaditanos hay que valorar la influencia de la droga. En la década de los años 80 causó estragos en barrios históricos como Santa María y El Pópulo, así como en el Cerro del Moro, Guillén Moreno, La Paz y otras barriadas de Extramuros. El caballo de la muerte cabalgó con el Sida por bandera, y destrozó a una generación. Era la generación de aquellos jóvenes que se reunían en las ruinas de la antigua Cárcel Real o junto a las vías del tren.

Ese escenario mejoró tras algunas obras imprescindibles. El soterramiento de la vía del tren, los nuevos Juzgados que después se reconvirtieron en Casa de Iberoamérica, la reconstrucción del Cerro del Moro y la erradicación lenta de las infraviviendas… Todo eso ayudó a mejorar las condiciones de vida, con una transformación del urbanismo. Las actuaciones policiales y la muerte desgraciada de muchos drogatas influyeron en el descenso de los trapicheos.

Por ello, es muy significativo que los vecinos de Santa María, El Pópulo y otros barrios integrados en la Federación 5 de abril, así como otras asociaciones, se vayan a manifestar en protesta por el repunte de la droga. José Rodríguez, presidente de la Asociación de Vecinos Tres Torres de Santa María, ha alertado de que la droga está volviendo a su barrio. Conoce bien esos problemas porque los vivió en los tiempos más duros, cuando los vecinos llegaron a patrullar las calles. Volver a revivir lo de esos viejos tiempos sería un retroceso intolerable.

La reconstrucción del barrio de Santa María costó dinero y esfuerzo a la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento. A pesar de todo, algunos añoran el pasado. Recuerdan la familiaridad y la solidaridad que había entre los vecinos. Pero en la Casa Lasquetty y en otras también había hacinamiento, pobreza, indignas situaciones y un dolor a veces silenciado. La lucha contra la infravivienda trasladó a viejos y nuevos vecinos a Santa María. Regresar a la degradación y la delincuencia en las calles sería como tirar a la basura 40 años de esfuerzos.

En asuntos tan sensibles como estos se aprecia la verdadera preocupación social de los políticos. No vale para nada alardear de carnés de izquierda, cuando se lavan las manos como el Pilatos que sale el Miércoles Santo de la Merced. No se puede sentenciar otra vez a un barrio.

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