Opinión

Pedro M. / Espinosa / Pespinosa@diariodecadiz.com

Don Víctor Espárrago

VÍCTOR Espárrago es el mejor entrenador de la historia del Cádiz. No lo digo yo, lo dicen los números. Con el uruguayo en el banquillo, el cuadro amarillo ha vivido sus mayores logros en Primera y Segunda, por lo que me parece que ha llegado el momento de dejarnos de experimentos y apostar sobre seguro para la próxima temporada. Si hay algo que censuro al consejo de administración cadista es no haber tenido la valentía de renovarlo en su momento pese a bajar. Estoy convencido de que aquella campaña el Cádiz podría haber vuelto a luchar por el ascenso, repitiendo la época dorada de otro inolvidable entrenador cadista, Milosevic, que subió al equipo tras descenderlo un año antes.

Víctor Espárrago tiene ganas de entrenar, y para mí eso es más que suficiente. Por su forma de ser, el charrúa no es el mejor técnico posible para la prensa, no es el más accesible, ni el más simpático, pero es el mejor para el equipo. Víctor Espárrago no es mi amigo, aunque le admiro profundamente por todo lo que ha hecho en su vida profesional, así que estoy fuera de toda sospecha. Al escribir esto no me mueve otra ambición que la de sentirme orgulloso nuevamente de un equipo trabajado, competitivo, serio y eficaz, un conjunto que con futbolistas modestos casi logra la permanencia en la Liga de las Estrellas.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, pero no creo que Antonio Muñoz lo haga tres veces. Si el presidente cadista no vende sus acciones y, como parece, construye un nuevo proyecto, echará la vista atrás y recordará que gracias a apuestas arriesgadas nos vemos como nos vemos.

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